La nueva política exterior norteamericana
El espejismo Obama
Higinio Polo
El Viejo Topo
Casi a punto de cumplir su primer año en la presidencia norteamericana, Barack Obama contempla cómo los Estados Unidos continúan sumidos en una grave crisis económica y social, pese al anuncio de que la recesión ha terminado, que muestra más los deseos que la realidad. En enero de 2009, Obama llegaba con la aureola de haberse opuesto a la guerra de Iraq, prometiendo la retirada de sus tropas de ocupación, y, al parecer, dispuesto a realizar serias reformas en Estados Unidos, liquidando, además, la aventurera y agresiva política exterior que había impulsado Bush. El nuevo presidente heredó dos guerras y la ruptura de los acuerdos de desarme que se habían suscrito con la Unión Soviética (el ABM, de 1972, sobre misiles antibalísticos, que era el más importante compromiso de desarme, sobre cuyos cimientos descansaban todos los demás convenios), además de una agresiva apuesta por un falso “escudo antimisiles” en Europa, que era, en realidad, un peligroso instrumento contra la seguridad estratégica de Rusia.
Si juzgamos la figura de Obama con los criterios de la prensa europea (en general, fascinada por un presidente que han calificado como progresista, y que ha deslumbrado incluso a la izquierda moderada, que ha hecho una bandera de su nombre), deberíamos concluir que su presidencia inicia una nueva era. Esa misma prensa europea, que se abstuvo, en general, de criticar la ferocidad de Bush y su doctrina fascista de las “guerras preventivas”, y que empezó a censurarle, con timidez, tan sólo cuando terminaba su presidencia, creó el mito de un Obama reformista, del inicio de una nueva era… que está muy lejos de la realidad. Las ridículas loas realizadas por los periódicos y la televisión, elevando sus discursos a la categoría de piezas de pensamiento político, han creado una enorme confusión en la opinión pública, porque no hay que esperar gran cosa de Obama, aunque es cierto que su elección, tras la larga etapa del incompetente y despiadado Bush, su condición de afroamericano, o mulato, y su relativa juventud, unido a la fuerza y simpatía de su familia, le han convertido en un icono popular, al que incluso organizaciones más o menos procedentes de la izquierda, emulan. Sin embargo, Obama comparte la generalizada convicción norteamericana sobre el papel providencial de Estados Unidos y su misión como líder del planeta, y, hasta ahora, no ha dado muestras de firmeza en impulsar reformas progresistas, aunque su apuesta de un nuevo sistema de salud que alcance a todos los norteamericanos sea positiva, como lo es la renegociación de las hipotecas de ciudadanos que han perdido su trabajo y están arruinados, pero, hasta hoy, ha aprobado muchas más ayudas a los bancos y al corrupto capitalismo representado por Wall Street que partidas ha dedicado al socorro de los más pobres, de los millones de parados que ven el futuro con desesperanza.
Nos centraremos aquí en el examen de su acción exterior. La definición de una nueva política exterior lleva tiempo, sin duda, pero ha transcurrido casi un año desde la llegada del nuevo equipo a la Casa Blanca y puede decirse que la inercia del aparato militar norteamericano arrastra a Obama, y que si la insoportable petulancia que Washington ha mostrado en todos los foros internacionales desde hace medio siglo empieza a desaparecer parcialmente, no por ello el nuevo presidente ha dejado de creer en esa caricatura de “pueblo elegido” con que todos los dirigentes estadounidenses han investido a su propio país ante el resto del mundo. Porque esa infantil y ridícula convicción de creerse el mejor país del mundo, de mostrarse como la culminación del progreso universal, también es compartida por Obama, y sus discursos son una prueba inapelable.
Es cierto que Obama prohibió el recurso a la tortura, tan utilizada por las tropas norteamericanas en el exterior, y no se negó a que los responsables de su aplicación respondiesen ante los tribunales, pero, finalmente, el Departamento de Defensa consiguió bloquear la publicación de fotografías que documentaban las torturas y todo indica que no tiene intención de pedir responsabilidades. Además, el secretario de Defensa con Bush, Robert Gates, continúa en la misma función con Obama, y el presupuesto de defensa ha aumentado incluso la abultada partida que Bush le dedicó.
Casi un año después, todavía no se ha cerrado Guantánamo, aunque se ha anunciado su clausura en enero de 2010. No se ha puesto fin al terrorismo de Estado, ni se ha terminado con los bombardeos sobre poblaciones civiles, y tampoco Obama ha renunciado a utilizar mercenarios en distintos escenarios. Durante la campaña electoral, ya hizo una sorprendente diferenciación entre Afganistán e Iraq, como si la guerra y la ocupación de ambos países no formasen parte del mismo proyecto de control y dominación de Oriente Medio y, en lo posible, de Asia central. En Iraq, se ha anunciado que las tropas norteamericanas serán retiradas en agosto de 2010, aunque es un anuncio tramposo, como veremos.
Con la ambición de cambiar la percepción que el resto del mundo tiene de Estados Unidos, terminando con la agresiva política exterior de Bush, Obama ha tendido la mano a Rusia, a China, y ha anunciado su empeño de cambiar Oriente Medio, dedicando especial atención al conflicto entre Israel y los palestinos, y a una nueva relación con América Latina. El discurso de El Cairo, del 4 de junio, ofreciendo una mano tendida a los musulmanes del mundo, mantenía en lo sustancial la habitual política norteamericana, con una nueva retórica. Animado por los precarios éxitos en Iraq, mientras se teje el alambre de espino de un protectorado, Obama ha anunciado que la prioridad sería la guerra de Afganistán, enviando más tropas y presionando a sus aliados de la OTAN para que sigan el mismo camino, pese a la reticencia de Alemania y Francia. Ignorando la evidencia, Obama sigue manteniendo la retórica bushiana de que la intervención en Afganistán es fundamental para evitar otros ataques terroristas sobre territorio norteamericano, aunque la invasión del país fue diseñada para controlar Asia central. El recurso a la “guerra contra el terrorismo” supone continuar utilizando una mentira para camuflar los intereses norteamericanos, porque el terrorismo, por mortíferos y llamativos que sean algunos de sus atentados, es un problema menor en el mundo, útil para manipular la emoción de los ciudadanos e incapaz de crear el menor problema para el poder global norteamericano. Mientras Pakistán amenaza quiebra, en Irán la diplomacia norteamericana abre una vía de negociación, aunque sin renunciar a la desestabilización.
Con Europa es muy dudoso que Obama inicie una nueva política, definida hoy por la constante presión sobre sus aliados, convertidos de facto en rehenes (Francia y Alemania, pero también Gran Bretaña), por la negativa a una mayor autonomía europea, y por la utilización de los nuevos gobiernos del Este continental (los bálticos, Polonia, Ucrania, Georgia) como arietes de los intereses norteamericanos en Europa, naciones que actúan como verdaderos países satélites de Washington, en ocasiones adoptando posturas más papistas que el propio Papa norteamericano. La función de la OTAN, que en Washington es vista como el instrumento de una nueva política imperial norteamericana en el conjunto del planeta, es otra de las cuestiones pendientes, y Obama, como Bush, se orienta a convertirla en el agente universal de los intereses norteamericanos. Así cobra sentido la exigencia a sus aliados europeos del envío de nuevos soldados a Afganistán.
En América Latina, donde el retroceso norteamericano es evidente, Obama no ha cambiado, en lo sustancial, la política de acoso a Cuba, Venezuela y Bolivia, acompañada de una acción a veces contradictoria: en Honduras, Washington califica al gobierno de Micheletti de ilegal, pero la USAID le financia, aunque la agencia justifica su proceder con el pretexto de la “ayuda humanitaria”. La aparición de nuevos actores progresistas en el continente ha sido facilitada por los acuciantes problemas de Washington en otros escenarios, y está consolidándose, con prudencia, la nueva autonomía de Brasil, y surge en el horizonte el peligro de un mayor alejamiento argentino. Brasil ha tomado distancia del dólar, aunque no rompa su alianza con Washington. La respuesta del nuevo gobierno Obama es la militarización de Colombia, con la instalación de siete nuevas bases militares, y un nuevo diseño de su tradicional despliegue en el continente.
Oriente Medio es uno de los grandes escenarios de la pugna internacional por el reparto de nuevas áreas de influencia, y la cuestión palestina contagia a todos los actores. Obama había defendido los derechos del pueblo palestino, aunque desde la presidencia, en las cuestiones fundamentales, mantiene la posición tradicional de Estados Unidos, cuya diplomacia sigue defendiendo que la violencia palestina es el gran problema del conflicto: ayer, la OLP, y hoy, Hamás, sin el menor reconocimiento de que el verdadero origen es el expolio de las tierras palestinas para la creación de un Estado racista, que busca su expansión territorial y que no está dispuesto a reconocer un Estado palestino, pese a las renuncias de las organizaciones palestinas: Hamás ha aceptado la solución de dos Estados sobre las fronteras anteriores a la guerra de 1967.
Washington exige el cese de la “violencia palestina”, pero omite esa exigencia para Israel, pese a la enorme diferencia entre el sufrimiento causado por unos y otros, y sin hacer ninguna referencia al poder atómico israelí (mientras se insiste en el peligro del programa nuclear iraní), ni a los cinco millones de refugiados palestinos que malviven en toda la zona. Pese al nombramiento del maronita George Mitchell, y a una retórica que insiste en el derecho a la paz y a la tierra para israelíes y palestinos, que podría basarse en la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, Obama no se ha distanciado un ápice del apoyo estadounidense al Estado de Israel. La ficción de presentar a la diplomacia norteamericana como una mediadora entre dos enemigos, israelíes y palestinos, esconde interesadamente la realidad de Israel como un eficaz Estado cliente que mantiene el dominio occidental y norteamericano sobre todo Oriente Medio. Así, el indisimulado disgusto de Netanyahu con las nuevas propuestas de Obama no nace de que estas sean realmente equilibradas y busquen una solución justa y definitiva al drama palestino, sino del hecho de que Tel-Aviv está demasiado acostumbrado a imponer sus puntos de vista, como testimoniaron los años perdidos bajo la dirección de Condoleezza Rice. Ha bastado una tímida petición norteamericana para que Israel no construya nuevos asentamientos (ilegales desde todo punto de vista, incluso para la justicia israelí) para que Netanyahu se muestre desafiante. El primer ministro israelí ha dejado clara su negativa a la existencia de dos Estados, y todo indica que, pese al apoyo de Obama a la creación de un Estado palestino (también Bush lo dijo), Estados Unidos no va a forzar la mano de su aliado-cliente israelí. No hay, por tanto, un giro en la política hacia Israel, ni tampoco en la pretensión de continuar marginando a Siria, y si Abbas cree que la creación del Estado palestino vendrá de la mano de Obama comete un grave error. Por añadidura, la declaración de Biden en julio admitiendo el “derecho israelí” a atacar a Irán, es una muestra más de las vacilaciones del gobierno Obama, y la exigencia israelí, que Estados Unidos no impugna, de continuar detentando el monopolio atómico en Oriente Medio, complica las cosas.
Para Iraq, el nuevo presidente reserva el papel de gran portaaviones de las tropas norteamericanas en Oriente Medio: no hay que olvidar que la responsable de la diplomacia, Hillary Clinton, anunció que casi cien mil soldados norteamericanos permanecerían en el país durante quince o veinte años más, es decir, hasta 2029, cuando —si el mundo no lo impide— se cumplirá un cuarto de siglo de ocupación militar. De manera que el anuncio de la retirada de las tropas hecho por Obama esconde la realidad de que Iraq va a continuar siendo un país ocupado. En Afganistán, convertido en un “narcoestado”, al fraude electoral que ha proclamado ganador a Hamid Karzai se añade una sangrienta ocupación que no ha resuelto ninguno de los problemas del país. Los señores de la guerra, cómplices de Washington, siguen controlando el territorio, y el hermano del dictador, Wali Karzai, es uno de los principales traficantes de armas y drogas afganos. La esperanza de que las elecciones consolidasen el proceso político se ha revelado vana, y el riesgo de que Pakistán sea arrastrado al combate es real, porque, ocho años después del inicio de la ocupación, Obama no apuesta por el final del conflicto, sino por la continuación de la guerra. El nombramiento del general Stanley McChrystal como jefe de las tropas norteamericanas en Afganistán tampoco es una buena noticia: durante su estancia en Iraq, las torturas a los prisioneros formaban parte de las tácticas diarias. Tampoco en Pakistán han cambiado las cosas con Obama: los bombardeos norteamericanos, con frecuencia sobre población civil, han continuado como en la etapa Bush.
No hay tampoco ningún acercamiento a las necesidades defensivas iraníes, y la apuesta de Obama por la negociación con Teherán disfraza también la constante presión sobre la teocracia iraní. Más allá de las consideraciones sobre el sanguinario régimen político de los ayatolás (que comparte con Israel el hecho de estar gobernados ambos por la extrema derecha y por el fanatismo religioso), la legítima preocupación por la defensa de Irán hace que, aunque siguen sin reconocerlo abiertamente, la apuesta de Jatamí y Ahmadineyad por conseguir el arma nuclear sea vista como legítima por muchos países: si, en la zona, Israel la posee, y Pakistán y la India también, ¿por qué Irán, no debería hacerlo? Además, con arreglo a los acuerdos internacionales es insostenible pretender que las grandes potencias tengan armamento atómico y que Irán sea puesto en entredicho por pretender lo mismo. Sin olvidar que Estados Unidos tiene veintinueve bases militares en la región, entre Turquía, Arabia, el golfo, Omán y Pakistán y Afganistán, más el despliegue en Iraq y los destacamentos en Asia central, cercanos también a Irán… a añadir al poder militar israelí. ¿No es razonable que Irán piense en su defensa? Pese a todo, la aceptación por parte de Teherán para que el OIEA inspeccione las instalaciones de Qom da una oportunidad a la diplomacia.
La relación con Rusia sigue siendo una de las cuestiones centrales de la política exterior de Washington. En febrero, en la Conferencia Internacional sobre seguridad, en Munich, el vicepresidente Joseph Biden, que habló de una “nueva era”, ofreció el “reinicio” de las relaciones con Moscú tras la etapa Bush, pero no renunció al escudo antimisiles ni dejó clara la postura norteamericana en relación al desarme atómico, pese a los deseos expresados por Obama de trabajar por un mundo sin armas nucleares. Cuando Obama acudió a Moscú, Estados y Rusia suscribieron acuerdos para un nuevo tratado START, avanzando la idea de que los sistemas balísticos deberían situarse entre 500 y 1.100 unidades, con un total de entre 1.500 y 1.675 cabezas atómicas, a completar en un plazo que alcanzaría hasta el año 2017.
Los contactos diplomáticos y los encuentros entre Medveded y Obama sirvieron para alcanzar algunos acuerdos parciales: ambos asumieron que sólo desplegarían armas nucleares estratégicas ofensivas en su propio territorio. Rusia aceptó que Estados Unidos podría realizar cuatro mil quinientos vuelos, al año, sin necesidad de pagar nada, para facilitar el transporte de tropas y armas por territorio ruso en dirección a Afganistán. Todavía se mantenían las diferencias sobre el escudo antimisiles y Georgia; de hecho, Medvedev había afirmado en la reunión del G-8 que Rusia desplegaría sistemas de misiles Iskander en la región de Kaliningrado si Estados Unidos continuaba con sus planes del escudo, falsamente defensivo, y adelantó que el acuerdo sobre el START dependería de que Washington renunciase a su instalación en Polonia y Chequia. El alborozo con que fue recibido por los medios de comunicación europeos el anuncio de Obama de que renunciaba al emplazamiento del radar en Chequia y de los misiles interceptores en Polonia era infundado, porque Estados Unidos nunca ha afirmado que no se vaya a construir ese “escudo antimisiles” en Europa, y es muy probable que adopte otra forma: puede ser desplegado en buques en los mares fríos del norte de Europa. No hay “renuncia” al escudo, sino replanteamiento, con la mirada puesta en conseguir la colaboración de Moscú en la cuestión iraní.
Hay muchos otros problemas que envenenan la relación entre ambos países: las fronteras de Georgia, y la hipotética incorporación a la OTAN, forzada por Estados Unidos, de éste país y de Ucrania (cuya población rechaza el ingreso), además de las cuestiones relacionadas con la explotación de los hidrocarburos de la zona del Caspio y Asia central. También les enfrenta la cuestión de Kosovo, cuya independencia es rechazada por Moscú y auspiciada por Washington. Moscú rechaza con dureza la posibilidad de que la pequeña Georgia y la gigantesca Ucrania se incorporen a la OTAN, y procura limitar la penetración norteamericana en el Cáucaso y en el norte del Mar Negro. La crisis económica, y la debilidad del dólar son otros motivos de fricción: el gobierno ruso admitió, con motivo de la cumbre del llamado BRIC en junio, que pensaba colocar una parte de sus reservas monetarias en instrumentos financieros (bonos) de países como China, India y Brasil, algo que Washington interpreta como una acción agresiva de Moscú. The New York Times y el resto de la prensa norteamericana especulaban, alarmando a la población, sobre el deseo de Moscú de “golpear a Estados Unidos”.
Hay que recordar que, violando los compromisos suscritos con Gorbachov, la expansión militar norteamericana ha continuado: la OTAN de los años soviéticos contaba con dieciséis países miembros, mientras que la actual tiene veintiocho integrantes, y se sigue especulando con su ampliación. Sin olvidar que, pese a las buenas palabras, Estados Unidos ha impulsado una estrategia de verdadero cerco a Rusia y de intromisión en su periferia: Washington dispone de bases militares en siete de las quince antiguas repúblicas soviéticas, y, además, con Obama, la tentación de seguir organizando y financiando “revoluciones naranjas” sigue presente en Washington. Esa política se combate desde Moscú con el intento de articular un espacio económico y de defensa que integre al mayor número posible de antiguas repúblicas soviéticas, y en la creciente colaboración con China, tanto en la Organización de Cooperación de Shanghai, que se ha consolidado en los últimos cinco años, así como en la coordinación ante potenciales conflictos diplomáticos como Irán o Corea del Norte. También, Moscú afronta la reforma de las fuerzas armadas rusas y de sus tropas de misiles estratégicas, y con su fulminante respuesta a la provocación georgiana del verano de 2008 (equipada con armas facilitadas por Washington, que dio su asentimiento a la agresión y a la guerra) trazó una clara línea roja a Estados Unidos.
Por otra parte, con Obama, los norteamericanos no han anulado los planes elaborados bajo la presidencia Bush sobre la ampliación de la OTAN y su intervención en áreas no cubiertas por el Tratado fundacional (como en Afganistán, por ejemplo), sobre la creación de nuevas bases militares en sus países satélites del Este europeo (trasladando instalaciones desde Alemania y otros países de la parte occidental del continente), sobre la militarización del espacio y, también, sobre la introducción de dispositivos militares agresivos en la gran región helada del Ártico. La negociación sobre el nuevo tratado que sustituya al START-1 es una de las pruebas de fuego para Obama (véase El viejo topo, nº 258-259), pero, para ser creíble el propósito que anunció de construir un mundo sin armas nucleares, Estados Unidos debería asumir de nuevo el ABM o aceptar abrir negociaciones encaminadas a elaborar un nuevo acuerdo que recoja su espíritu.
China es la gran prioridad de la política exterior norteamericana: Hillary Clinton ha reconocido que las relaciones bilaterales decisivas en el siglo XXI serán las de China y Estados Unidos. A mediados de febrero, el primer viaje exterior de la nueva secretaria de Estado fue a China. El periplo fue adornado con visitas paralelas a Japón y Corea del sur, tradicionales aliados, y a Indonesia, pero el destino clave era Pekín. No es de extrañar: Estados Unidos es el país más endeudado del planeta: la conjunción de la deuda del Estado, más la de sus empresas y la de las familias, asciende a setenta billones de dólares, con unos costes por el pago de intereses que, en la práctica, han quebrado el sistema norteamericano, que se sostiene por la constante impresión de moneda, de dólares-basura que entrega al mundo a cambio de bienes y productos, y por el recurso a la financiación exterior. Y la compra por China de bonos del tesoro es una premisa fundamental para la actividad gubernamental norteamericana. El doble déficit, comercial y fiscal, crea una situación que no puede sostenerse durante mucho tiempo. Esa era la clave del viaje de la secretaria de Estado.
En marzo de este año, el primer ministro chino, Wen Jiabao, hizo pública su preocupación por la seguridad de las reservas chinas en dólares, a la vista de la crisis norteamericana. De hecho, es una evidencia que el actual sistema le permite a Washington mantener grandes déficits y unos enormes gastos militares que, de otra forma, estarían fuera del alcance real de la economía norteamericana. Además, el cada día más precario y discutido papel del dólar como moneda de reserva internacional, llevó al gobernador del Banco Popular de China, Zhou Xiaochuan, a proponer la sustitución de la moneda norteamericana por los derechos especiales de Giro del FMI. También Rusia ha propuesto ideas semejantes, proponiendo la inclusión del yuan chino y el rublo, además del oro, en la cesta de divisas (dólar, euro, libra, y yen japonés) que define esos derechos especiales de giro. China posee más de dos billones de dólares en divisas, buena parte de ellas en bonos del tesoro norteamericanos (que ha accedido a seguir comprando), y está preocupada por el futuro de esos activos, y considera, además, que la insostenible función actual del dólar otorga injustificadas ventajas de todo tipo a Estados Unidos. La propuesta de crear una moneda internacional de reserva que sustituya al dólar fue rechazada por Obama, consciente de que ese paso supondría el principio del fin del predominio norteamericano. Pese a todo, China sabe que no le interesa una crisis descontrolada del dólar que causaría severas pérdidas a sus reservas. En la práctica, se da una curiosa paradoja: Pekín tiene capacidad para dañar seriamente la divisa norteamericana, pero al precio de causar un daño irreparable a su propia economía. Hoy por hoy, aún no existe una divisa alternativa al dólar: de ahí, la insistencia en la creación de una nueva moneda internacional de reserva.
Las diferencias entre ambos países sobre la forma de afrontar la crisis son notorias, y la tentación proteccionista, muy presente en el círculo de Obama, ha llevado a Washington a grabar con aranceles abusivos a los neumáticos chinos, por ejemplo, violando las disposiciones de la OMC, aunque declarando que Estados Unidos no desea una guerra comercial con China, y a presionar a Pekín, por la vía interpuesta de Gordon Brown, exigiendo que China “compre más en otros países”, como si esa circunstancia fuera una de las causas de la crisis económica mundial. Frente a la impotencia del G-7, uno de los instrumentos tradicionales de intervención de Estados Unidos, la cumbre de junio en Ekaterinburg entre los principales dirigentes de Rusia, China, India y Brasil, donde se discutió la conveniencia de una nueva moneda de reserva internacional, indicaba también el nacimiento de un nuevo polo mundial.
La propuesta (lanzada desde círculos próximos al poder norteamericano: Brzezinski, por ejemplo, que aconseja a Obama; que ha sido vista con suma preocupación por la Unión Europea y por Japón) para establecer un G-2, que fuera, de hecho, un directorio mundial para afrontar la crisis económica y los problemas globales, es rechazada por Pekín, que insiste en el multilateralismo como instrumento de colaboración internacional. Wen Jiabao consideró que la idea de un G-2 era un camino sin salida. Estados Unidos estaría tentado de establecer un directorio semejante, pero la relevancia política que tiene esa propuesta es que significa la admisión implícita de que el programa del unilateralismo norteamericano lanzado con Bush y de su predominio mundial en solitario (un siglo XXI americano) ha fracasado. De manera que Estados Unidos se mueve todavía entre la obligada renuncia a los planes de Bush, derrotados por la realidad, la necesidad de colaborar con China, y una inercia imperial que Obama no ha roto. Poco después de ser confirmado por el presidente, el secretario de Defensa, Robert Gates, aseguró ante el Senado que su país estaba preparado para afrontar “cualquier amenaza militar que pudiera venir de China”, como recogió el 27 de enero de este año el The New York Times. En marzo, el Departamento de Defensa norteamericano presentaba su informe sobre el poder militar chino donde criticaba la reforma y el desarrollo de su ejército y sugería que Pekín estaba cambiando su tradicional concepción estratégica (guerra exclusivamente en defensa de su propio territorio) por la posibilidad de librar guerras limitadas en su esfera de influencia próxima. La evidente tergiversación de la política exterior china fue tal que Pekín presentó una protesta diplomática. En relación con el arsenal nuclear, China, con ocasión de la solemne celebración del sesenta aniversario de la revolución, ha reafirmado, al igual que Rusia, su decisión de no ser jamás “el primer país en utilizar armas nucleares”. Estados Unidos se niega a contraer un compromiso semejante.
Por su parte, Timothy Geithner, secretario de economía, acusó a Pekín de manipular su moneda, haciendo responsable a China de una parte de las dificultades norteamericanas. Es una constante: en febrero, el responsable de la Inteligencia norteamericana, Dennis Blair, presentó en el Senado el análisis de sus servicios, identificando la crisis económica como la principal amenaza, y a China e India como los países que concentrarán el poder en el mundo, a largo plazo, y, aunque reconoció que China trabaja para mantener buenas relaciones con el resto de grandes potencias y que su política exterior es pacífica, no dejó de llamar la atención sobre el creciente poder económico chino y el fortalecimiento de su Armada y del Ejército Popular, y recalcó el deseo chino de aumentar su influencia en el mundo. En ese sentido, el cambio político en Japón y la propuesta del nuevo primer ministro, Yukio Hatoyama, de crear una Comunidad de Asia oriental, dotada de una moneda común (que ya ha recibido el visto bueno de Pekín), es vista con suma preocupación en Washington. Obama está dispuesto a contar más con Japón, cuyo gobierno desconfiaba de los pasos dados por Bush en el tratamiento de la desnuclearización de la península coreana. Las negociaciones con Pygongyang son otro de los puntos de fricción entre Pekín y Washington.
Al mismo tiempo, Estados Unidos mantiene la presión en otros escenarios: juega la carta de Taiwan, y dispone de portaaviones de propulsión nuclear para controlar la zona, dotados de decenas de aviones de combate, con bases permanentes en Japón. En su reunión con Clinton en Washington, el ministro de exteriores chino, Yang Jiechi, insistió en la apuesta china por la colaboración, pero no olvidó mencionar que Estados Unidos debe ser cuidadoso en la cuestión de Taiwan (y en el tratamiento de los asuntos relacionados con el Tíbet), recordando el compromiso norteamericano con la idea de “una sola China”. La victoria del Kuomintang en las elecciones taiwanesas ha fortalecido la cooperación entre ambos lados del estrecho, y debilitado las posiciones independentistas que durante mucho tiempo han sido estimuladas por Estados Unidos. El encuentro entre Obama y Hu Jintao sirvió también para relanzar la cooperación y la discusión sobre asuntos militares: Pekín tenía muy presente que, con el gobierno Bush, una de las últimas decisiones de Washington había sido la venta de nuevo armamento a Taiwan por valor de casi siete mil millones de dólares. Al mismo tiempo, Washington asiste con impotencia a la consolidación de la Organización de Cooperación de Shanghai, OCS, aunque todo indica que su papel seguirá aumentando en Asia, y en el mundo.
En otras regiones, Obama ha reactivado su política exterior: a finales de julio, Hillary Clinton anunciaba el “retorno” de Estados Unidos a los escenarios del sudeste asiático, a través del impulso de una nueva relación con la ASEAN (formada por diez países del sur de Asia, entre ellos Indonesia, Malasia, Filipinas, Birmania, Tailandia y Vietnam), decisión que venía a ser un reconocimiento implícito del retroceso norteamericano en la zona y la proclamación del deseo de contener a China, cuyos lazos e influencia han aumentado considerablemente en el sudeste asiático.
Termino. Las exageradas y grandilocuentes alabanzas de la prensa europea al nuevo presidente norteamericano, ocultan la realidad de un verdadero espejismo Obama, cuyo papel e influencia ante el mundo se ha beneficiado, por comparación, del recuerdo del sangriento paso de Bush en el inicio del siglo. Porque no hay, en lo sustancial, una nueva política exterior norteamericana, al margen de las rectificaciones forzadas por la evolución de los conflictos. Podemos concluir que, con la nueva presidencia, la política exterior norteamericana es la continuación de la anterior etapa, aunque con expresiones más moderadas, y que el multilateralismo de Obama es, más que una decisión de su gobierno, una obligada revisión que Washington no tiene más opción que adoptar, ante la evidencia de que Estados Unidos, durante los ocho años de Bush, ha fracasado en su intento de imponer su visión mesiánica del papel norteamericano en el mundo, y que el desastre del unilateralismo y la continuación de las guerras de Iraq y Afganistán (¡ocho años después!) han precipitado la crisis, poniendo de manifiesto ante el mundo que el inicio de la decadencia norteamericana no es una hipótesis de futuro, sino una precisa fotografía del momento histórico.
Fuente: http://www.elviejotopo.com/web/archivo_revista.php?arch=1336.pdf
miércoles, 4 de noviembre de 2009
HONDURAS: A VICTORY FOR "SMART POWER"
Monday, November 2, 2009
HONDURAS: A VICTORY FOR "SMART POWER"
Henry Kissinger said that diplomacy is the “art of restraining power”. Obviously, the most influential ideologue on US foreign policy of the twenty first century was refering to the necessity to “restrain the power” of other countries and goverments in order to maintain the dominant world power of the United States. Presidents in the style of George W. Bush employed “Hard Power” to achieve this goal: weapons, bombs, threats and military invasions. Others, like Bill Clinton, used “Soft Power”: cultural warfare, Hollywood, ideals, diplomacy, moral authority and campaigns to “win the hearts and minds” of those in enemy nations. The Obama administration has opted for a mutation of these two concepts, fusioning military power with diplomacy, political and economic influence with cultural penetration and legal manuvering. They call this “Smart Power”. Its first application is the coup d’etat in Honduras, and as of today, it’s worked to perfection.
During her confirmation hearing before the Senate, Secretary of State Hillary Clinton remarked that “we should use what has been called “smart power”, the complete range of tools that are at our disposal – diplomatic, economic, military, political, legal and cultural – choosing the correct tool, or combination of tools, for each situation. With “smart power”, diplomacy will be the vanguard of our foreign policy.” Clinton later reinforced this concept affirming that the “wisest path will be to first use persuasion.”
So, what is intelligent about this concept? It’s a form of politics that is difficult to classify, difficult to detect and difficult to deconstruct. Honduras is a clear example. On one hand, President Obama condemned the coup against President Zelaya while his ambassador in Tegucigalpa held regular meetings with the coup leaders. Secretary of State Clinton repeated over and over again during the past four months that Washington didn’t want to “influence” the situation in Honduras – that Hondurans needed to resolve their crisis, without outside interference. But it was Washington that imposed the mediation process “led” by President Oscar Arias of Costa Rica, and Washington that kept funding the coup regime and its supporters via USAID, and Washington that controlled and commanded the Honduran armed forces, involved in repressing the people and imposing a brutal regime, through its massive military presence in the Soto Cano military base.
Washington lobbyists also wrote the San José “agreement”, and in the end, it was the high level State Department and White House delegation that “persuaded” the Hondurans to accept the agreement. Despite the constant US interference in the coup d’etat in Honduras – funding, design, and political and military support – Washington’s “smart power” approach was able to distort public opinion and make the Obama administration come out as the grand victor of “multilateralism”.
What “smart power” achieved was a way to disguise Washington’s unilateralism as multilateralism. From day one, Washington imposed its agenda. On July 1st, spokespeople for the Department of State admitted in a press briefing that they had prior knowledge of the coup in Honduras. They also admitted that two high level State Department officials, Thomas Shannon and James Steinberg, were in Honduras the week before the coup meeting with the civil and military groups involved. They said their purpose was to “impede the coup”, but how, therefore, can they explain that the airplane that forcefully exiled President Zelaya left from the Soto Cano military base in the presence of US military officers?
The facts demonstrate the truth about Washington and the coup in Honduras, and the subsequent successful experiment with “smart power”. Washington knew about the coup before it happened, yet continued to fund those involved via USAID and NED. The Pentagon aided in the illegal forced exile of President Zelaya, and later, the Obama administration used the Organization of American States (OAS) – during a moment at which it was on the border of extinction – as a façade to impose its agenda. The discourse of the Department of State always legitimated the coup leaders, calling on “both parts…to resolve the political dispute in a peaceful way through dialogue.” Since when is an illegal usurper of power considered a “legitimate part” capable of dialogue? Obviously, a criminal actor who takes power by force is not interested in dialoguing. Based on this Washington logic, the world should call on the Obama administration to “resolve its political dispute with Al Qaeda in a peaceful way through dialogue, and not war”.
The Obama/Clinton “smart power” achieved its first victory during the initial days of the coup, persuading the member states of the OAS to accept a 72-hour wait period to allow the coup regime in Honduras to “think through its actions”. Soon after, Secretary of State Clinton imposed the mediation efforts, led by Arias, and by then, so much space had been ceded to Washington, that the US just stepped in and took the reigns. When President Zelaya went to Washington and met with Clinton, it was obvious who was in control. And that’s how they played it out, buying more and more time up until the last minute, so that even if Zelaya returns to power now he will have no space or time to govern.
The people were left out, excluded. Months of repression, violence, persecution, human rights violations, curfews, media closures, tortures and political assasinations have been forgotten. What a relief, as Subsecretary of State Thomas Shannon remarked upon achieving the signature of Micheletti and Zelaya on the final “agreement”, that the situation in Honduras was resolved “without violence”.
Upon signature of the “agreement” this past October 30th, Washington immediately lifted the few restrictions it had imposed on the coup regime as a pressure tactic. Now they can get visas again and travel north, they don’t have to worry about the millions of dollars from USAID, which hadn’t even been suspended in the first place. The US military in presence in Soto Cano can reinitiate all their activities – oh wait, they never stopped in the first place. The Southern Command (SOUTHCOM) of the Pentagon affirmed just days after the coup that “everything is normal with our armed forces in Honduras, they are engaging in their usual activities with their Honduran counterparts.” And Washington is already preparing its delegation of elections observors for the November 29th presidential elections – they are already on their way.
Forget about Cold War torturer Billy Joya who was scheming with the coup regime against the resistance; or the Colombian paramilitary forces sent in to help the coup regime “control” the population. Don’t worry anymore about the sonic warfare LRAD weapon used to torture those inside the Brazilian embassy in an attempt to oust Zelaya from the building. Nothing happened. As Thomas Shannon said, “we congratulate two great men for reaching this historic agreement”. And Secretary of State Clinton commented that “this agreement is a tremendous achievement for the Hondurans.” Wait, for who?
In the end, the celebrated “agreement” imposed by Washington only calls upon the Honduran Congress – the same Congress that falsified Zelaya’s resignation letter in order to justify the coup, and the same Congress that supported the illegal installation of Micheletti in the presidency – to determine whether or not it wants to reinstate Zelaya as president. And only after receiving a legal opinion from the Honduran Supreme Court – the same one that said Zelaya was a traitor for calling for a non-binding poll vote on potential future constitutional reform, and the same one that ordered his violent capture. Even if the Congress’ answer is positive, Zelaya would not have any power. The “agreement” stipulates that the members of his cabinet will be imposed by those political parties involved in the coup, the armed forces will be under the control of the Supreme Court that supported the coup, and Zelaya could be tried for his alleged “crime” of “treason” because he wanted to have a non-binding poll on constitutional reform.
Per the “agreement” a truth commission would supervise its implementation. Today, Ricardo Lagos, ex president of Chile and staunch Washington ally, was announced as the leader of the Honduran Truth Commission. Lagos is co-director of the Board of Directors of the Inter-American Dialogue, a right wing think tank that influences Washington’s policies on Latin America. Lagos also was charged with creating a Chilean version of the National Endowment for Democracy (NED), la Fundación Democracia y Desarrollo, to “promote democracy” in Latin America, US-style. Upon leaving the presidency in 2006, Lagos was named President of the Club of Madrid – an exclusive club of ex presidents dedicated to “promoting democracy” around the world. Several key figures involved in currently destabilizing left-leaning Latin American governments are members of this “club”, including Jorge Quiroga and Gonzalo Sánchez de Lozada (ex presidents of Bolivia), Felipe González (ex prime minister of Spain), Václav Havel (ex president of the Chech Republic) and José María Aznar (ex prime minister of Spain), amongst many others.
In the end, “smart power” was sufficiently intelligent to deceive those who today celebrate an “end to the crisis” in Honduras. But for a majority of people in Latin America, the victory of Obama’s “smart power” in Honduras is a dark and dangerous shadow closing in on us. Initiatives such as ALBA have just begun to achieve a level of Latin American independence from the dominant northern power. For the first time in history, the nations and peoples of Latin America have been collectively standing strong with dignity and sovereignty, building their futures. And then along came Obama with his “smart power”, and ALBA was hit by the coup in Honduras, Latin American integration has been weakened by the US military expansion in Colombia, and the struggle for independence and sovereignty in Washington’s backyard is being squashed by a sinister smile and insincere handshake.
Bowing before Washington, the crisis in Honduras “was resolved”. Ironically, the same crisis was fomented by the US in the first place. There is talk of similar coups in Paraguay, Nicaragua, Ecuador and Venezuela, where subversion, counterinsurgency and destabilization increase daily. The people of Honduras remain in resistance, despite the “agreement” reached by those in power. Their determined insurrection and commitment to justice is a symbol of dignity. The only way to defeat imperialist agression – soft, hard or smart - is through the union and integration of the people.
“The illegal we do immediately. The unconstitutional takes longer.” – Henry Kissinger
Postcards from the Revolution/ EVA GOLINGER
HONDURAS: A VICTORY FOR "SMART POWER"
Henry Kissinger said that diplomacy is the “art of restraining power”. Obviously, the most influential ideologue on US foreign policy of the twenty first century was refering to the necessity to “restrain the power” of other countries and goverments in order to maintain the dominant world power of the United States. Presidents in the style of George W. Bush employed “Hard Power” to achieve this goal: weapons, bombs, threats and military invasions. Others, like Bill Clinton, used “Soft Power”: cultural warfare, Hollywood, ideals, diplomacy, moral authority and campaigns to “win the hearts and minds” of those in enemy nations. The Obama administration has opted for a mutation of these two concepts, fusioning military power with diplomacy, political and economic influence with cultural penetration and legal manuvering. They call this “Smart Power”. Its first application is the coup d’etat in Honduras, and as of today, it’s worked to perfection.
During her confirmation hearing before the Senate, Secretary of State Hillary Clinton remarked that “we should use what has been called “smart power”, the complete range of tools that are at our disposal – diplomatic, economic, military, political, legal and cultural – choosing the correct tool, or combination of tools, for each situation. With “smart power”, diplomacy will be the vanguard of our foreign policy.” Clinton later reinforced this concept affirming that the “wisest path will be to first use persuasion.”
So, what is intelligent about this concept? It’s a form of politics that is difficult to classify, difficult to detect and difficult to deconstruct. Honduras is a clear example. On one hand, President Obama condemned the coup against President Zelaya while his ambassador in Tegucigalpa held regular meetings with the coup leaders. Secretary of State Clinton repeated over and over again during the past four months that Washington didn’t want to “influence” the situation in Honduras – that Hondurans needed to resolve their crisis, without outside interference. But it was Washington that imposed the mediation process “led” by President Oscar Arias of Costa Rica, and Washington that kept funding the coup regime and its supporters via USAID, and Washington that controlled and commanded the Honduran armed forces, involved in repressing the people and imposing a brutal regime, through its massive military presence in the Soto Cano military base.
Washington lobbyists also wrote the San José “agreement”, and in the end, it was the high level State Department and White House delegation that “persuaded” the Hondurans to accept the agreement. Despite the constant US interference in the coup d’etat in Honduras – funding, design, and political and military support – Washington’s “smart power” approach was able to distort public opinion and make the Obama administration come out as the grand victor of “multilateralism”.
What “smart power” achieved was a way to disguise Washington’s unilateralism as multilateralism. From day one, Washington imposed its agenda. On July 1st, spokespeople for the Department of State admitted in a press briefing that they had prior knowledge of the coup in Honduras. They also admitted that two high level State Department officials, Thomas Shannon and James Steinberg, were in Honduras the week before the coup meeting with the civil and military groups involved. They said their purpose was to “impede the coup”, but how, therefore, can they explain that the airplane that forcefully exiled President Zelaya left from the Soto Cano military base in the presence of US military officers?
The facts demonstrate the truth about Washington and the coup in Honduras, and the subsequent successful experiment with “smart power”. Washington knew about the coup before it happened, yet continued to fund those involved via USAID and NED. The Pentagon aided in the illegal forced exile of President Zelaya, and later, the Obama administration used the Organization of American States (OAS) – during a moment at which it was on the border of extinction – as a façade to impose its agenda. The discourse of the Department of State always legitimated the coup leaders, calling on “both parts…to resolve the political dispute in a peaceful way through dialogue.” Since when is an illegal usurper of power considered a “legitimate part” capable of dialogue? Obviously, a criminal actor who takes power by force is not interested in dialoguing. Based on this Washington logic, the world should call on the Obama administration to “resolve its political dispute with Al Qaeda in a peaceful way through dialogue, and not war”.
The Obama/Clinton “smart power” achieved its first victory during the initial days of the coup, persuading the member states of the OAS to accept a 72-hour wait period to allow the coup regime in Honduras to “think through its actions”. Soon after, Secretary of State Clinton imposed the mediation efforts, led by Arias, and by then, so much space had been ceded to Washington, that the US just stepped in and took the reigns. When President Zelaya went to Washington and met with Clinton, it was obvious who was in control. And that’s how they played it out, buying more and more time up until the last minute, so that even if Zelaya returns to power now he will have no space or time to govern.
The people were left out, excluded. Months of repression, violence, persecution, human rights violations, curfews, media closures, tortures and political assasinations have been forgotten. What a relief, as Subsecretary of State Thomas Shannon remarked upon achieving the signature of Micheletti and Zelaya on the final “agreement”, that the situation in Honduras was resolved “without violence”.
Upon signature of the “agreement” this past October 30th, Washington immediately lifted the few restrictions it had imposed on the coup regime as a pressure tactic. Now they can get visas again and travel north, they don’t have to worry about the millions of dollars from USAID, which hadn’t even been suspended in the first place. The US military in presence in Soto Cano can reinitiate all their activities – oh wait, they never stopped in the first place. The Southern Command (SOUTHCOM) of the Pentagon affirmed just days after the coup that “everything is normal with our armed forces in Honduras, they are engaging in their usual activities with their Honduran counterparts.” And Washington is already preparing its delegation of elections observors for the November 29th presidential elections – they are already on their way.
Forget about Cold War torturer Billy Joya who was scheming with the coup regime against the resistance; or the Colombian paramilitary forces sent in to help the coup regime “control” the population. Don’t worry anymore about the sonic warfare LRAD weapon used to torture those inside the Brazilian embassy in an attempt to oust Zelaya from the building. Nothing happened. As Thomas Shannon said, “we congratulate two great men for reaching this historic agreement”. And Secretary of State Clinton commented that “this agreement is a tremendous achievement for the Hondurans.” Wait, for who?
In the end, the celebrated “agreement” imposed by Washington only calls upon the Honduran Congress – the same Congress that falsified Zelaya’s resignation letter in order to justify the coup, and the same Congress that supported the illegal installation of Micheletti in the presidency – to determine whether or not it wants to reinstate Zelaya as president. And only after receiving a legal opinion from the Honduran Supreme Court – the same one that said Zelaya was a traitor for calling for a non-binding poll vote on potential future constitutional reform, and the same one that ordered his violent capture. Even if the Congress’ answer is positive, Zelaya would not have any power. The “agreement” stipulates that the members of his cabinet will be imposed by those political parties involved in the coup, the armed forces will be under the control of the Supreme Court that supported the coup, and Zelaya could be tried for his alleged “crime” of “treason” because he wanted to have a non-binding poll on constitutional reform.
Per the “agreement” a truth commission would supervise its implementation. Today, Ricardo Lagos, ex president of Chile and staunch Washington ally, was announced as the leader of the Honduran Truth Commission. Lagos is co-director of the Board of Directors of the Inter-American Dialogue, a right wing think tank that influences Washington’s policies on Latin America. Lagos also was charged with creating a Chilean version of the National Endowment for Democracy (NED), la Fundación Democracia y Desarrollo, to “promote democracy” in Latin America, US-style. Upon leaving the presidency in 2006, Lagos was named President of the Club of Madrid – an exclusive club of ex presidents dedicated to “promoting democracy” around the world. Several key figures involved in currently destabilizing left-leaning Latin American governments are members of this “club”, including Jorge Quiroga and Gonzalo Sánchez de Lozada (ex presidents of Bolivia), Felipe González (ex prime minister of Spain), Václav Havel (ex president of the Chech Republic) and José María Aznar (ex prime minister of Spain), amongst many others.
In the end, “smart power” was sufficiently intelligent to deceive those who today celebrate an “end to the crisis” in Honduras. But for a majority of people in Latin America, the victory of Obama’s “smart power” in Honduras is a dark and dangerous shadow closing in on us. Initiatives such as ALBA have just begun to achieve a level of Latin American independence from the dominant northern power. For the first time in history, the nations and peoples of Latin America have been collectively standing strong with dignity and sovereignty, building their futures. And then along came Obama with his “smart power”, and ALBA was hit by the coup in Honduras, Latin American integration has been weakened by the US military expansion in Colombia, and the struggle for independence and sovereignty in Washington’s backyard is being squashed by a sinister smile and insincere handshake.
Bowing before Washington, the crisis in Honduras “was resolved”. Ironically, the same crisis was fomented by the US in the first place. There is talk of similar coups in Paraguay, Nicaragua, Ecuador and Venezuela, where subversion, counterinsurgency and destabilization increase daily. The people of Honduras remain in resistance, despite the “agreement” reached by those in power. Their determined insurrection and commitment to justice is a symbol of dignity. The only way to defeat imperialist agression – soft, hard or smart - is through the union and integration of the people.
“The illegal we do immediately. The unconstitutional takes longer.” – Henry Kissinger
Postcards from the Revolution/ EVA GOLINGER
jueves, 15 de octubre de 2009
Estados Unidos pretende acabar con la Unasur
Estados Unidos pretende acabar con la Unasur
CEPRID
Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article614
UNASUR es el mayor intento de integración suramericana desde las propuestas de nuestros libertadores y en su corta infancia ya sufre los embates del divisionismo, de las traiciones, de los pesimismos. Otra vez el fantasma del descalabro y del fracaso amenaza con deteriorarla y romper con el sueño de unidad. Otra vez Estados Unidos actúa públicamente o de manera clandestina para liquidar los pocos avances integracionistas de esta parte del mundo.
A pesar de los esfuerzos yanquis y del sometimiento de Uribe al imperio, la UNASUR no ha fracasado ni en Bariloche ni en Quito. Los gobiernos -en aplastante mayoría- han rechazado la presencia militar yanqui en América Latina y han condenado el entreguismo de Uribe al imperio, demostrado en la entrega de siete bases militares para uso de Washington y su intencionalidad recolonizadora. Tanto en Bariloche como en Quito se han producido diálogos importantes entre los gobiernos y se ha intentado transparentar las carreras armamentistas desatadas por Estados Unidos y sus permanentes amenazas bélicas en contra de nuestras patrias. Si no existiesen esas reales amenazas, habría que preguntar al Pentágono acerca de las razones de su despliegue en las bases militares que mantiene en América Latina y el Caribe, el formidable patrullaje que realiza la IV Flota en aguas costeras del Atlántico y el Caribe y las verdaderas intenciones de sus intereses para ocupar neocolonialmente siete bases militares en Colombia.
Cierto que Colombia en la Cumbre de Bariloche, por intermedio de Uribe, nunca demostró tener argumentos para justificar el entreguismo y sometimiento a los designios del imperio. Igualmente en la reunión del Consejo Suramericano de Defensa realizada en Quito, los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de Uribe se negaron a transparentar los contenidos del Convenio Militar Estados Unidos-Colombia, pero, por sobre esas coyunturas es preciso señalar que la UNASUR en Bariloche y su Consejo de Defensa en Quito no son fracasos a pesar de la negativa colombiana. Si Uribe merece el repudio de las conciencias libres de América Latina y del Caribe, cabe destacar que ha dicho que Colombia permanecerá en la UNASUR y desmitió a sus ministros que anunciaron que Colombia se separaría de la UNASUR. Sin embargo de lo afirmado por Uribe, ronda por estas tierras el peligro del divisionismo que ya es histórico en nuestras patrias.
Bolívar en su profética Carta de Jamaica (1815), señalaba el peligro que provendría de Estados Unidos con sus intenciones colonialistas. En el 1826 convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá, para crear un bloque de naciones latinoamericanas que enfrente las agresiones imperialistas. Ordenó no invitar a Estados Unidos al Congreso, sin embargo el colombiano Francisco de Paula Santander invitó al país del norte que, con la felonía de sus agentes, acabó con los anhelos de unidad. Los traidores de ayer renacen con la UNASUR de hoy y enarbolan las banderas de la división con los planes, apoyo, impulso y aplauso de Estados Unidos.
La recolonización se extiende desde Colombia con los planes Colombia y Patriota que a pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico tanto Uribe como en su oportunidad Clinton, Bush y ahora Obama, pretenden convertir al conflicto interno en conflicto regional y para ese objetivo está la Iniciativa Regional Andina y en la actualidad, la entrega de siete bases militares que, desde Colombia, servirán para someter militarmente a nuestras patrias. Ayer Santander, hoy Uribe. ¿Jugarreta del servilismo histórico o concienzuda planificación de la Casa Blanca?
Estados Unidos desde sus orígenes esbozó el expansionismo y despojo de territorios. Creó doctrinas de dominación y la famosa “Doctrina Monroe” que proclamaba “América para los americanos”, sirvió para consolidar sus planes intervencionistas y políticas injerencistas. Washington manipuló las debilidades y ambiciones de “líderes” militares y políticos latinoamericanos para dividir y reinar. Hoy, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo esconden las verdades intenciones de recolonización imperial. Frente a esas intencionalidades surge la Unión Suramericana que se opone a los procesos neocolonizadores y que lucha por la soberanía e independencia de nuestras patrias, objetivos comunes con la ALBA.
Al respeto, la OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras) expresa: “El modelo colonialista impuesto por los Estados Unidos a lo largo del Siglo XX, encontró su tropiezo con el arribo al poder del geoestratega Hugo Chávez y su visión Bolivariana. A partir de 1998 comienza la creación de un bloque antihegemónico, por intermedio de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, conocida como el ALBA, y el que ha logrado con cierto éxito frenar los tratados de libre comercio impuestos por la administraciones de los ex presidentes Clinton y Bush, poniendo en jaque la iniciativa estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)
El Alba en su esencia no es más que la visión de la unión de los pueblos de América Latina para responder a las agresiones económicas, políticas y militares provenientes del norte, tal como lo planteó Simón Bolívar en su visión del Congreso Anfictiónico de Panamá.
Por supuesto que los Estados Unidos vienen haciendo todo lo posible por desarticular el movimiento social latinoamericano y su respuesta de visiones hegemónicas que han incrementado el abismo entre las clases sociales e incrementado la pobreza de los más desfavorecidos”. Si la Alternativa Bolivariana de América Latina es una eficiente respuesta a los planes hegemónicos del imperio, lo es también la UNASUR y su Consejo de Defensa ante los que se estrellarán los planes del Pentágono y la Casa Blanca que los ejecutan por intermedio de la Agencia de Seguridad Nacional, CIA, con la complicidad de las élites dominantes nacionales auspiciadas por organismos estadounidenses tales como la National Endowment for Democracy (NED) y la USAID. La OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras) sostiene que “el experimento político militar que se esta efectuando en Honduras, no es más que una receta elaborada por los neoconservadores estadounidenses para diluir cualquier intento de frenar la Doctrina Monroe e implementar la visión bolivariana del Congreso de Panamá. Honduras ha sido escogido como el campo de batalla entre la visión hegemónica y la independentista”. La lucha contra el expansionismo colonial del imperio que tiende a consolidarse con los acuerdos de cooperación militar con Colombia, será tenaz y exigirá de esfuerzos y sacrificios de gobiernos progresistas y democráticos y de hombres y mujeres que combaten a opresores y explotadores en cualquier rincón de nuestra geografía.
La cumbre de Bariloche
Un ejemplo de esa lucha fue la Cumbre de la UNASUR realizada en Bariloche que tras una tensa reunión, consensuó un documento, pero sin definición sobre las bases de Estados Unidos en Colombia. El documento final contiene importantes decisiones y entre ellas la que afirma categóricamente que "La Unasur promueve el diálogo, la cooperación, la confianza y la transparencia. También rechaza la presencia de grupos armados y el narcotráfico, por lo que decidimos construir un compromiso mutuo de defensa y de paz, rechazando el uso de la fuerza contra otro Estado".
En la Cumbre se resolvió “fortalecer a Sudamérica como zona de paz y trabajar para una solución pacífica de los conflictos y que la presencia de fuerzas extranjeras no puede amenazar la paz de los países de la región".
En Bariloche, Uribe se desnudó como un pequeño mandatario de una república bananera que espera milagros de Washington y en su intervención ensayó la defensa de su acuerdo con Estados Unidos y se quejó por la "falta de cooperación" de los gobiernos en su particular lucha contra las FARC, ELN y el narcotráfico. No lo dijo pero querría que todos los gobiernos de Suramérica acudieran en su ayuda y al no lograrlo, aseveró: "La propuesta de Estados Unidos representa un apoyo práctico y eficaz. Pocas veces hay una cooperación práctica, más allá del plano discursivo". "Queremos la exclusión eficaz de todos los grupos violentos de la región". ¿Acaso existe un cinismo mayor o un ejemplo mayor de entreguismo a la potencia imperial?
Agregó: "La corresponsabilidad no puede ser una norma que se quede en el texto de la diplomacia y que no tenga vigor, aplicación práctica, en la lucha día a día contra el tráfico de armas y el narcotráfico". Afirmó que Colombia "no renuncia a su soberanía" por acordar con Washington, sino que se rige por la idea de la "integración" entre Estados. "Se preservan los principios de integridad soberana y territorial", insistió Uribe respecto del acuerdo, pero sus palabras sólo merecieron rechazo de los presidentes reunidos en Bariloche, inclusive de su amigo y socio Alan García. Uribe es una vergüenza de traición entreguista al imperio. Sus débiles argumentos contrastan con los crímenes de Estado que comete contra su pueblo que es víctima de la violencia burguesa neoconservadora. Con cinismo defendió a Obama cuando afirmó: "No me parece que tengamos que llamar a cuentas a Obama. Para ello está la Asamblea de las Naciones Unidas. Una cosa es tener buen diálogo y otra cosa es llamarlo a dar cuentas a la región".
El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, fue enfático al reclamar el documento integral respecto de la presencia de las bases en Colombia. Dijo que hay "informaciones muy difusas y vagas al respecto". "Sería necesario tenerlo para salir de algunas dudas y descifrar incógnitas, que bastantes tenemos". Reiteró sus cuestionamientos contra el proyecto colombiano y vinculó directamente la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia con la nueva estrategia de defensa norteamericana que incluye, dijo, hipótesis de guerra. Chávez analizó en su discurso los lineamientos de la estrategia militar de Estados Unidos, y enfatizó: "Aquí se está hablando de guerra; esto es movilidad para la guerra". "Propongo, reiteró, que la Unasur, que tiene formado su Consejo de Defensa, revise la estrategia militar de Estados Unidos en forma profunda y luego el tema de la instalación de bases norteamericanas en Colombia". Estados Unidos con las bases militares en Colombia se convierte en un inminente peligro para los gobiernos progresistas y democráticos como los de Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y Ortega en Nicaragua.
El Comando Sur, Pentágono, CIA, DEA, y sus organizaciones mercenarias y paramilitares usarán a su antojo siete bases ubicadas en Malambo, Palanquero, Apia, Tumaco, Bahía Málaga, Tolemida y Fuerte Larandia. El Pacto Militar Estados Unidos-Colombia significa: Instalación de bases militares a las que el Comandante Fidel Castro llamó: “Siete puñales en el corazón de América”. La base de Palanquero en Puerto Salgar, Cundinamarca, al centro del país, es la mayor de todas y la que más apetitos despierta entre los halcones de Washington. Luego vienen las bases de Apiay, al sur, en el Meta y la de Malambo, en el departamento Atlántico, bastante cercana a la Guajira venezolana. Nadie duda que el Comando Sur al instalarse en Palanquero podría llegar a cualquier país de América del Sur o del Caribe. Palanquero debe convertirse, según el SouthCom en una “Localidad de Cooperación en Seguridad” (CSL, por su siglas en inglés). El documento elaborado por el Comando Aéreo para la Movilidad (AMC) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos consigna los objetivos de ese cuerpo hasta el año 2025, para dotarse de corredores aéreos y las bases que le permitan mayor movilidad y alcance en sus operaciones. El AMC dice que el enclave de Palanquero, identificado por el Comando Sur como “un punto en el continente suramericano que puede usarse tanto para “operaciones antinarcóticos” como para ejecutar lo que denomina “operaciones móviles”.
El Comando Aéreo de Movilidad tiene varios planes en desarrollo y uno de ellos se denomina Estrategia Global en Ruta con el que el imperio pretende usar a nuestra América Latina para desde estas tierras lanzarse a la conquista de otros continentes como África. En el documento, el Comando Sur y su Comando Aéreo de Movilidad -AMC- se afirma: “Incluir a Sudamérica en la estrategia de la ruta global, ayuda a materializar nuestro “compromiso” con la región, y asiste a la movilidad en la ruta hacia África”. Al AMC se refirió el Presidente de Venezuela, Coronel Hugo Chávez al afirmar que desde Colombia se planifica la guerra contra América del Sur por parte de Estados Unidos. En Bariloche, el Presidente pro témpore de UNASAUR y Presidente del Ecuador, Rafael Correa advirtió: "Colombia tiene el mayor cultivo de drogas de la región y tanto Ecuador como Venezuela están libres de cultivos. Estos se concentran en el límite sur de Colombia, en la frontera con Ecuador. Entonces el problema no somos los vecinos". El mandatario ecuatoriano instó al pueblo colombiano "a abrir los ojos" para ver que lo que ocurre "es exactamente lo contrario" a lo que postula el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que defendió el acuerdo que negoció con Estados Unidos para que militares estadounidenses puedan usar bases colombianas.
El gobierno de Colombia es el más grande aliado y socio de Estados Unidos y defenderá a Uribe mientras lo considere necesario a sus intereses, pero más temprano que tarde Uribe acabará como Noriega que, en su tiempo, era el principal socio y agente de la CIA en América Latina. En respuesta a Bariloche, Obama envió de gira por la región a su subsecretario adjunto para Asuntos para el Hemisferio Occidental, Christopher McMullen.
La Cumbre en Bariloche fue importante al destacar en el texto de la Declaración Final que cualquier acuerdo de cooperación militar debe regirse por el respeto estricto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Tratado de Constitución de UNASUR. La dignataria argentina, Cristina Fernández, desnudó las intenciones de Washington al sostener que nunca se ha visto bombardear cargamentos de drogas; eso no se combate con aviones C-17, ni con el emplazamiento de radares. Se refirió también al Libro Blanco del Comando de Movilidad Aérea de Estados Unidos, que fue citado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, con el ánimo de esclarecer el panorama en torno al despliegue de fuerzas norteamericanas en Colombia. Según Cristina Fernández, de la lectura del “Libro Blanco” se infiere que el establecimiento de bases militares parece más un dispositivo para guerras convencionales que para combatir el narcotráfico. Chávez, insistió en que el despliegue de bases militares norteamericanas en suelo colombiano responde a la estrategia global de dominación de Estados Unidos. Palanquero, sostuvo, figura en la relación de bases expedicionarias de conformidad con el Informe y es identificada como una localidad de seguridad de cooperación, que ayudaría con la ruta de movilidad hacia África. Desde allí, además, solo un avión C-17 sería suficiente para controlar la totalidad de Suramérica, con excepción del Cabo de Hornos, en Chile. Además, las bases militares de Estados Unidos en Colombia, son una amenaza a la estabilidad y consolidación de las incipientes democracias en América Latina. Desde las bases militares en Colombia, Estados Unidos controlaría toda la geografía suramericana y sus bombarderos son capaces de soltar sus bombas criminales en cualquier parte de América del Sur, del Caribe y de América Central.
El diario La Jornada de México, editorialmente sostenía: “Durante el encuentro, la anfitriona Cristina Fernández de Kirchner trazó un paralelo entre este hecho y la “experiencia terrible” que ha implicado la operación de bases británicas en las Malvinas; el mandatario venezolano, Hugo Chávez, afirmó que la suscripción del acuerdo entre la Casa Blanca y el Palacio de Nariño forma parte de “la estrategia global de dominación de Estados Unidos”; el presidente de Bolivia, Evo Morales, señaló que “no se puede permitir la presencia militar extranjera en nuestros territorios: es un mandato noble que nos dan nuestros pueblos”…
Es saludable, decía La Jornada, que exista en la región un grupo de gobiernos que, no obstante provenir de expresiones políticas e ideológicas distintas, estén dispuestos a llamar a las cosas por su nombre, a defender las respectivas soberanías nacionales y a rechazar un acuerdo que implica, en última instancia, una profunda amenaza de desestabilización en el subcontinente.
Contrario a lo que señala Uribe, no hay elemento alguno que justifique la instalación de este tipo de bases en Colombia: La presidenta de Argentina considera que el “narcotráfico y el terrorismo” se tienen que combatir, con medidas de “inteligencia y contrainteligencia”, no con el establecimiento de enclaves militares, y el propio Uribe debería saber, tras la experiencia de la aplicación del desastroso Plan Colombia, que la estrategia antinarco ofrecida desde Washington no arroja saldos particularmente positivos y sí potencia el desarrollo de escenarios de tintes bélicos y de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. En cambio, existen razones de peso para sustentar el rechazo de los gobiernos sudamericanos a la presencia militar de la superpotencia en Colombia: históricamente, Washington ha brindado apoyo a golpes de Estado que asolaron la región el siglo pasado y ha respaldado la imposición de gobiernos títeres, ha mantenido un constante injerencismo económico en estos países, y ha emprendido ofensivas sistemáticas en contra de la integridad territorial y el pleno usufructo de los recursos naturales de las naciones al sur del río Bravo. Hasta ahora, el pretendido giro de Obama en materia de política exterior no ha pasado de ser un conjunto de buenas intenciones. En lo que se refiere a Latinoamérica, acuerdos como el que se comenta revierten los avances que pudieran haberse dado a nivel discursivo, reafirman el carácter imperial y colonialista de Washington y sus afanes hegemónicos en la región, además de que permiten ponderar el peso específico que mantienen el Pentágono y el complejo militar-industrial en la política de ese país.
El mensaje que se da al mundo no es la instalación de siete bases, sino que Washington las reconoce abiertamente, dejando de lado los eufemismos de “instalaciones de avanzada”. Se le informa a América Latina sobre la ocupación abierta del país sede del Plan Colombia y que este es el comienzo de una nueva historia para “colombianizar” a toda la región.
El pasado 18 de agosto, el embajador estadounidense William Brownfield anunció en Bogotá que las tropas militares de su país combatirán junto a las colombianas contra las guerrillas de las FARC”. Esto significa el comienzo de la futura expansión del Plan Colombia con las derivaciones que puedan tener esos combates, y la posibilidad de implicar a otros países en la presunta persecución de los “terroristas”, después que el ex presidente Bush dejó en claro que su país desconoce las fronteras en su nuevo esquema de guerra.
Héctor León Moncayo, en CEPRID decía que “existe una continuidad en la estrategia militar del Imperio, aunque paralelamente Obama se proponga adelantar nuevas combinaciones políticas. A esta altura es visible el arco de control establecido bajo jurisdicción del Comando Sur. Bases de Guantánamo (Cuba), Roosevelt Roads y Fort Buhanan (Puerto Rico), Soto Cano (Honduras), Comalapa (El Salvador), Bahamas, Curaçao y Aruba. Es cierto que el gobierno de Ecuador acaba de cancelar la concesión de la base de Manta, pero las siete bases en Colombia tienen una explicación que va más allá del reemplazo. Se trata de edificar un verdadero frente ofensivo (obsérvese la disposición longitudinal de Sur a Norte) hacia Venezuela, en lo inmediato, pero con propósitos de reforzar una iniciativa sobre la región andino-amazónica. De hecho, en lo que se refiere al Pacífico, téngase en cuenta que ya Alan García le otorgó derechos a la IV Flota para la utilización de los puertos peruanos, así como permitió la entrada del ejército de Estados Unidos en la zona del Valle de Huallaga.
Intervencionismo conspirativo y cambios de gobierno
Este frente ofensivo se levanta, por supuesto, sobre la base de la presencia que siempre ha tenido aquí, reforzada últimamente en desarrollo del ‘Plan Colombia’. Pero va más allá de las labores contrainsurgentes, que son lo que despierta el entusiasmo de Uribe. Al contrario, es posible que el Imperio le juegue a la prolongación del conflicto en la medida en que el argumento del “desbordamiento” le permita utilizar a los paramilitares contra Venezuela, en una nueva versión de los contra nicaragüenses. Sería una táctica de hostigamiento y provocación para precipitar una confrontación colombo-venezolana. Es lógico. En la actual coyuntura, no es factible un ataque militar directo de Estados Unidos en un país de Suramérica, pero sí una supuesta intervención humanitaria que, como contraprestación, lleve a “cambios de gobierno”. Téngase en cuenta que, paralelamente, la derecha militarista continúa la contraofensiva de recuperación, de Centroamérica al Sur, incluida Venezuela, bajo la fórmula nunca abandonada del intervencionismo conspirativo”.
Gloria Inés Ramírez Ríos, Senadora de la República de Colombia en representación del Polo Democrático Alternativo, al referirse a la decisión de Uribe de entregar Colombia a Estados Unidos, afirmaba: “Debe merecer la mayor atención la posición entreguista de Uribe Vélez ante el imperio norteamericano. No hay que olvidar que el gobierno de Uribe fue el único de Suramérica que apoyó la criminal invasión gringa a Irak que adhirió incondicionalmente a la política de Bush según la cual “el que no está con nosotros está con los terroristas”, política que, como se sabe, terminó en un estruendoso fracaso…Además, continúa con el plan Colombia, que es una ley norteamericana, y recurre a los peores actos de sometimiento con tal de que le aprueben el Tratado de Libre Comercio y le den el visto bueno a sus aspiraciones reeleccionistas. El último eslabón de esta cadena de entreguismo es la autorización para que las bases militares colombianas sean utilizadas por tropas
Uribe es bravucón y belicoso aquí, pero sumiso como el que más ante Estados Unidos. Bush decía de él que “hace lo que decimos y algo más”. Las palabras lapidarias de Jorge Eliecer Gaitán en uno de sus debates en el Congreso de la República por la masacre de las bananeras en 1928, parecen escritas para referirse a Uribe: “en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano”
Luego, la senadora afirmaba que según Wikipedia, “ una base militar es una instalación que es propiedad directa y operada por y/o para el ejército o una de sus ramas. En su mayoría acogen material y personal militar, así como instalaciones para entrenamiento y operaciones” Pero ha habido una evolución del concepto de bases militares a FOL (Centros Operativos de Avanzada) y a los CSL (Cooperative Security Locations/ Convenios Locales de Seguridad), que corresponden a la idea de operaciones más pequeñas, menos costosas y más sencillas de manejar y con un radio de alcance suficiente, a una distancia que le evite los riesgos pero que le permita actuar con agilidad. A estos se les llama Foreing Operating Locations –FOL- y los CSL corresponden a un término militar de los Estados Unidos para aquellas instalaciones utilizadas para hacer un entrenamiento regional contra el terrorismo y para el control del tráfico de drogas, además de proveer acceso de contingencia al continente.
De acuerdo con Chalmers Yohson profesor de la universidad de California “La mayoría de estas nuevas bases constituyen lotos desde los cuales nuestras fuerzas armadas podrían saltar como ranas muy bien armadas” (libro Estados Unidos un imperio en Guerra). Todo esto está en la lógica de la tenebrosa estrategia de la “guerra perpetua” definida por el Pentágono, la más reciente teoría militar norteamericana para el control del mundo. Política dentro de la cual, Estados Unidos puso a navegar la IV flota en aguas de Latinoamérica y el Caribe.
Al respecto, hacemos las siguientes observaciones:
1. Es muy poco creíble el propósito real de lucha contra el narcotráfico por parte del país que es el mayor consumidor de drogas ilícitas en el mundo. Si de verdad este fuera el objetivo, lo primero que tendría que hacer sería atacar el consumo en su propio territorio. La llamada lucha contra el terrorismo, como lo han demostrado los hechos, entraña graves riesgos. ¿Quién y con base en qué criterios define lo que es terrorismo?
2. El Presidente Uribe ha calificado a dirigentes de la oposición como “guerrilleros vestidos de civil”. El periódico norteamericano The Washington Post ha pedido que se incluya al gobierno del presidente Chávez entre los que apoyan el terrorismo.
3. En cuanto a otras amenazas de carácter transnacional, la falta de definiciones precisas conlleva que sea posible cualquier interpretación
4. Por estas razones, ha habido pronunciamientos de rechazo o de inquietud sobre las Bases por parte de los presidentes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, en tanto que el Presidente Lula, afirma que “A mí no me agrada la idea de una base militar americana en Colombia”, y la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha dicho que “concuerda plenamente” con Lula y que la decisión de Colombia “afecta a todos los países”
Estados Unidos tiene más de 735 bases militares en 130 países del mundo, lo que constituye una estrategia global de expansión y control de naciones, recursos naturales y humanos” Según el investigador Charles Johnson, las bases militares extranjeras tienen 5 misiones específicas:
1. Mantener la supremacía militar absoluta en el mundo
2. Interferir comunicaciones
3. Intentar controlar el mayor número posible de fuentes petroleras
4. Dar trabajo e ingresos al complejo industrial militar
5. Asegurar que los militares y sus familias vivan con comodidad
Lo que interesa son los objetivos geoestratégicos, que son la seguridad nacional de Estados Unidos y el acceso a los recursos naturales de la región. Para ello ha instrumentalizado un plan que contiene dos elementos principales:
1. Los planes económicos, como el ALCA y los TLC, dirigidos a favorecer los intereses de las compañías trasnacionales y el gran capital norteamericano.
2. Un proceso de militarización de la región para hacer presiones en función de los planes económicos y comerciales y apropiarse de las riquezas estratégicas, especialmente energía, agua y biodiversidad. La senadora Gloria Inés Ramírez Ríos, sostuvo que las actividades militares de Estados Unidos en bases colombianas respetarán el ordenamiento jurídico de cada parte, la Carta de las Naciones Unidas, la igualdad soberana, la integridad territorial, el principio de no intervención en asuntos internos de otros Estado. Pero bien se sabe que Estados Unidos tiene una larga lista de violaciones a la soberanía de los países y al derecho internacional. Ejemplos:
1. Estados Unidos tiene numerosas leyes extraterritoriales que aplica más allá de sus fronteras, como el embargo a Cuba, la guerra preventiva, el Plan Colombia. Resulta muy poco creíble que los militares gringos vayan a subordinarse a las autoridades colombianas.
2. Control a operaciones ofensivas contra terceros.
Según los ministros, el objetivo es combatir amenazas internaciones como el tráfico de drogas y terrorismo y no realizar operaciones ofensivas contra terceros Estados.
3. Mitigación del impacto negativo en las relaciones con los países vecinos.
Aunque el gobierno asegura que el acuerdo es bilateral, puede favorecer a terceros interesados en cooperar para enfrentar el tráfico de drogas, el terrorismo y otras amenazas de carácter internacional, y da como prenda de garantía el hecho de que las agresiones a terceros Estados están excluidas de la práctica colombiana.
4. Número de personal militar o contratista.
Aún cuando el acuerdo contempla que el personal no excederá 800 militares y 600 contratistas, es claro que Estados Unidos buscará aplicar el pronunciamiento ya citado del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en el sentido de hacer una evaluación “sobre si estas limitaciones numéricas deben ser cambiadas hacía arriba o abajo, o revocadas”.
5. Aspectos jurídicos.
Según lo dicho por los ministros, este Acuerdo es una ampliación de los instrumentos bilaterales firmados entre Colombia y Estados Unidos y, por lo tanto, no necesita el procedimiento de un tratado internacional ante el Senado. Tampoco implica tránsito o permanencia de tropas extranjeras.
EEUU, Colombia y el Consejo Suramericano de Defensa Estados Unidos mueve a Colombia como su peón en el ajedrés de sus intereses geopolíticos y de dominación. No entiende que comenzó un cambio de época y que nuestras patrias no están dispuestas a ser reconolizadas. Son otros tiempos de lucha y esperanza para concretar la soberanía, independencia y los sueños de unidad.
En el proceso aparecen obstáculos planificados por Estados Unidos y dentro de esa planificación, la Colombia de Uribe y no su pueblo, es usada y manipulada para causar conflictos y con ellos divisiones, desentendimientos y confrontaciones. La histórica estrategia de Estados Unidos es dividir para reinar.
La reunión del Consejo Suramericano de Defensa realizada en Quito, el pasado 15 de septiembre fue el escenario de la jugarreta imperial a través de los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de Colombia, Jaime Bermudez y Gabriel Silva, respectivamente, que de manera sistemática, descortés y grosera se negaron a entregar el texto del acuerdo militar suscrito entre Colombia y Estados Unidos para la instalación de siete bases militares en el territorio de le hermana República. Dijeron, sin vergüenza alguna que no contaban con el permiso yanqui para dar a conocer el documento con lo que demostraron su sometimiento al imperio y que la soberanía de su patria les importaba un comino. Colombia desoyó el pedido de 11 gobiernos miembros de UNASUR. En realidad fue un insulto del gobierno de Uribe, digno heredero de Paula Santander.
David Choquehuanca, Canciller de Bolivia resumió el pensamiento de sus colegas al afirmar: “Colombia podía presentar el texto del Convenio a UNASUR pero lamentablemente Colombia dice que está sujeta al consentimiento de Estados Unidos. El mandato de los presidentes era establecer medidas de confianza, pero por la intransigencia de Colombia no hemos podido llevar a cabo esto”.
La Colombia de Uribe obedece al dictado de Washington que ordena boicotear la necesaria transparencia del Convenio para la instalación de bases militares gringas que tienen la intencionalidad de la agresión armada a nuestras patrias. Los ministros colombianos siguiendo el eje del discurso de Uribe, en lugar de transparencia propusieron, nada menos, que UNASUR acoja la agenda colombiana de seguridad, lo que significa regionalizar el conflicto colombiano al invitar a que todos gobiernos y pueblos hermanos combatan a las guerrillas y se involucren directamente en su conflicto interno que no han podido resolver por más de 50 años.
Al día siguiente de la Reunión del Consejo Suramericano de Defensa, el ministro colombiano Gabriel Silva, declaraba en Bogotá que no descartaba la posibilidad de retiro de Colombia de la UNASUR. Finalmente aceptaba que cumplía el mandato estadounidense: Dividir a la UNASUR y acabar con ella. Uribe desmentía a su Ministro de Defensa y anunciaba que Colombia no se retiraría de la organización, pero ya era tarde para tratar de ocultar el interés gringo y de las elites gobernantes de Bogotá.
El Canciller brasileño Celso Amorín, sintetizaba el pensamiento de todos los cancilleres y ministros de Defensa al afirmar: “Colombia no ha entendido la sensibilidad que ha causado el acuerdo de las bases militares”. La reunión de Quito fue convocada en “pos de una mayor transparencia diseñen medidas de fomento de la confianza y la seguridad de manera complementaria a los instrumentos existentes en el marco de la OEA”.
Analistas, politólogos y comunicadores sociales con personalidades cipayas han criticado la Reunión del 15 de septiembre del Consejo Suramericano de Defensa y la han calificado de fracaso anunciando la desunión y el fin de la UNASUR, pero, a pesar de la posición colombiana que boycoteó la reunión e impidió que se avance en el “fomento de la confianza y la seguridad” la evaluación final fue positiva. El Canciller ecuatoriano Fandert Falconí sostuvo: “El primer resultado es el fortalecimiento de UNASUR, es decir como UNASUR estamos en la capacidad de procesar los problemas regionales. No tenemos que recurrir extra regionalmente a discutir nuestras problemáticas en temas tan álgidos como los temas de seguridad, o la creación de medidas de confianza mutua. Un segundo punto, señaló, en el que se avanzó es en la notificación de todos los acuerdos regionales y extra regionales una vez que se hayan aprobado los acuerdos de negociación, sin tener o no el consentimiento de un tercer país, y aquí fue un punto de estancamiento, básicamente Colombia solicitó tiempo para hacer consultas internas, los 11 países estuvieron de acuerdo con entregar los acuerdos que están debidamente notificados. Se aceptó la tesis de la no extraterritorialidad. Colombia aceptó el concepto de no extra territorialidad y estos es un paso significado en el proceso de UNASSUR…”
Por su parte el Ministro de Defensa de Ecuador, Xavier Ponce sostuvo: “En cuanto a los ejercicios intra y extra regionales hay que tener en cuenta que este capítulo hace referencia a las seguridades a nivel de las fronteras. Hubo pleno acuerdo en notificar a UNASUR el desarrollo de ejercicios militares con países de la región o extra regionales, invitar observadores militares y establecer ,mecanismos de comunicación entre las fuerzas militares siempre en función de alcanzar plena transparencia, aumentar la eficiencia y vigilancia en las fronteras y algo que ha venido, planteando Colombia en la reunión de UNASUR en Bariloche, adoptar medidas necesarias para impedir la presencia o acción de grupos armados al margen de la ley. En cuanto al cumplimiento y verificación hemos establecido un mecanismo voluntario de visitas a instalaciones militares, esto es fundamental porque no hace solo referencia a intercambio de información sino también a intercambio de experiencias de situaciones en las fronteras que puedan provocar incidentes”.
Cabe destacar la intervención del Canciller venezolano Nicolás Maduro en la que sostuvo: “Suramérica ya ha debatido sobre el tema de las bases militares estadounidenses y todo sobre este debate que se ha dado en los gobiernos, toda la presión de la opinión pública, de los movimientos sociales, de los ciudadanos de nuestros países tiene que tener un resultado para consolidar toda esta conciencia que se está dando de rechazo a las bases militares que lo que traen es violencia, guerra, amenaza a nuestro continente y más temprano que tarde el pueblo de Colombia tendrá que pedir cuentas a estos gobiernos entreguistas que han cedido el territorio de Colombia para que venga armamento, venga tecnología a amenazar a nuestro continente.” Por todos los medios, es preciso comprender y asumir conciencialmente que la entrega de bases militares a Estados Unidos es un nuevo y grave atentado contra la paz de América Latina y que con esas bases se inicia un proceso de desestabilización y directa amenaza a la soberanía, independencia y la libre autodeterminación de nuestros pueblos. Hoy con Uribe de rodillas ante el imperio, Estados Unidos pretende acabar con la UNASUR, pero esa pretensión divisionista y recolonizadora debe ser rechazada enérgicamente por nuestros pueblos. Además, se debe exigir a los gobiernos, avanzar en los procesos integracionistas y de consolidación de la UNASUR a pesar de Obama y Uribe.
La senadora colombiana Gloria Inés Martínez Ríos sostenía que: “El aumento y reforzamiento de la presencia militar norteamericana demuestra de manera fehaciente que el gobierno colombiano no tiene ninguna voluntad de paz y que su única opción es la guerra, lo que indudablemente agudizará el conflicto interno y hará más difícil la búsqueda de la paz que anhela la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Desde todos las ciudades, pueblos, aldeas y desde todos los rincones de nuestras patrias, tenemos el deber histórico de rechazar la entrega de bases militares a Estados Unidos porque desde ellas se sembrará la violencia criminal de las agresiones militares y las guerras para dominar a nuestros pueblos y arrebatar los recursos naturales y la biodiversidad. ¿Qué dejaremos a nuestros hijos si ahora no detenemos la arremetida yanqui?
Nuestro deber moral impone que convoquemos a los parlamentos de nuestras patrias y sus organizaciones internacionales, a las organizaciones de la sociedad civil a los trabajadores del campo y la ciudad, a las organizaciones indígenas, sindicales, estudiantiles de mujeres, intelectuales, profesionales y a todo el pueblo a unirnos y marchar juntos para expulsar de nuestras patrias hasta el último soldado yanqui, hasta el último resquicio de una base militar imperialista y hasta el último barquito de la IV Flota. De todo el continente es la movilización contra la amenaza guerrerista del imperio.
CEPRID
Fuente: http://www.nodo50.org/ceprid/spip.php?article614
UNASUR es el mayor intento de integración suramericana desde las propuestas de nuestros libertadores y en su corta infancia ya sufre los embates del divisionismo, de las traiciones, de los pesimismos. Otra vez el fantasma del descalabro y del fracaso amenaza con deteriorarla y romper con el sueño de unidad. Otra vez Estados Unidos actúa públicamente o de manera clandestina para liquidar los pocos avances integracionistas de esta parte del mundo.
A pesar de los esfuerzos yanquis y del sometimiento de Uribe al imperio, la UNASUR no ha fracasado ni en Bariloche ni en Quito. Los gobiernos -en aplastante mayoría- han rechazado la presencia militar yanqui en América Latina y han condenado el entreguismo de Uribe al imperio, demostrado en la entrega de siete bases militares para uso de Washington y su intencionalidad recolonizadora. Tanto en Bariloche como en Quito se han producido diálogos importantes entre los gobiernos y se ha intentado transparentar las carreras armamentistas desatadas por Estados Unidos y sus permanentes amenazas bélicas en contra de nuestras patrias. Si no existiesen esas reales amenazas, habría que preguntar al Pentágono acerca de las razones de su despliegue en las bases militares que mantiene en América Latina y el Caribe, el formidable patrullaje que realiza la IV Flota en aguas costeras del Atlántico y el Caribe y las verdaderas intenciones de sus intereses para ocupar neocolonialmente siete bases militares en Colombia.
Cierto que Colombia en la Cumbre de Bariloche, por intermedio de Uribe, nunca demostró tener argumentos para justificar el entreguismo y sometimiento a los designios del imperio. Igualmente en la reunión del Consejo Suramericano de Defensa realizada en Quito, los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de Uribe se negaron a transparentar los contenidos del Convenio Militar Estados Unidos-Colombia, pero, por sobre esas coyunturas es preciso señalar que la UNASUR en Bariloche y su Consejo de Defensa en Quito no son fracasos a pesar de la negativa colombiana. Si Uribe merece el repudio de las conciencias libres de América Latina y del Caribe, cabe destacar que ha dicho que Colombia permanecerá en la UNASUR y desmitió a sus ministros que anunciaron que Colombia se separaría de la UNASUR. Sin embargo de lo afirmado por Uribe, ronda por estas tierras el peligro del divisionismo que ya es histórico en nuestras patrias.
Bolívar en su profética Carta de Jamaica (1815), señalaba el peligro que provendría de Estados Unidos con sus intenciones colonialistas. En el 1826 convocó al Congreso Anfictiónico de Panamá, para crear un bloque de naciones latinoamericanas que enfrente las agresiones imperialistas. Ordenó no invitar a Estados Unidos al Congreso, sin embargo el colombiano Francisco de Paula Santander invitó al país del norte que, con la felonía de sus agentes, acabó con los anhelos de unidad. Los traidores de ayer renacen con la UNASUR de hoy y enarbolan las banderas de la división con los planes, apoyo, impulso y aplauso de Estados Unidos.
La recolonización se extiende desde Colombia con los planes Colombia y Patriota que a pretexto de la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico tanto Uribe como en su oportunidad Clinton, Bush y ahora Obama, pretenden convertir al conflicto interno en conflicto regional y para ese objetivo está la Iniciativa Regional Andina y en la actualidad, la entrega de siete bases militares que, desde Colombia, servirán para someter militarmente a nuestras patrias. Ayer Santander, hoy Uribe. ¿Jugarreta del servilismo histórico o concienzuda planificación de la Casa Blanca?
Estados Unidos desde sus orígenes esbozó el expansionismo y despojo de territorios. Creó doctrinas de dominación y la famosa “Doctrina Monroe” que proclamaba “América para los americanos”, sirvió para consolidar sus planes intervencionistas y políticas injerencistas. Washington manipuló las debilidades y ambiciones de “líderes” militares y políticos latinoamericanos para dividir y reinar. Hoy, la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo esconden las verdades intenciones de recolonización imperial. Frente a esas intencionalidades surge la Unión Suramericana que se opone a los procesos neocolonizadores y que lucha por la soberanía e independencia de nuestras patrias, objetivos comunes con la ALBA.
Al respeto, la OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras) expresa: “El modelo colonialista impuesto por los Estados Unidos a lo largo del Siglo XX, encontró su tropiezo con el arribo al poder del geoestratega Hugo Chávez y su visión Bolivariana. A partir de 1998 comienza la creación de un bloque antihegemónico, por intermedio de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, conocida como el ALBA, y el que ha logrado con cierto éxito frenar los tratados de libre comercio impuestos por la administraciones de los ex presidentes Clinton y Bush, poniendo en jaque la iniciativa estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)
El Alba en su esencia no es más que la visión de la unión de los pueblos de América Latina para responder a las agresiones económicas, políticas y militares provenientes del norte, tal como lo planteó Simón Bolívar en su visión del Congreso Anfictiónico de Panamá.
Por supuesto que los Estados Unidos vienen haciendo todo lo posible por desarticular el movimiento social latinoamericano y su respuesta de visiones hegemónicas que han incrementado el abismo entre las clases sociales e incrementado la pobreza de los más desfavorecidos”. Si la Alternativa Bolivariana de América Latina es una eficiente respuesta a los planes hegemónicos del imperio, lo es también la UNASUR y su Consejo de Defensa ante los que se estrellarán los planes del Pentágono y la Casa Blanca que los ejecutan por intermedio de la Agencia de Seguridad Nacional, CIA, con la complicidad de las élites dominantes nacionales auspiciadas por organismos estadounidenses tales como la National Endowment for Democracy (NED) y la USAID. La OFRANEH (Organización Fraternal Negra de Honduras) sostiene que “el experimento político militar que se esta efectuando en Honduras, no es más que una receta elaborada por los neoconservadores estadounidenses para diluir cualquier intento de frenar la Doctrina Monroe e implementar la visión bolivariana del Congreso de Panamá. Honduras ha sido escogido como el campo de batalla entre la visión hegemónica y la independentista”. La lucha contra el expansionismo colonial del imperio que tiende a consolidarse con los acuerdos de cooperación militar con Colombia, será tenaz y exigirá de esfuerzos y sacrificios de gobiernos progresistas y democráticos y de hombres y mujeres que combaten a opresores y explotadores en cualquier rincón de nuestra geografía.
La cumbre de Bariloche
Un ejemplo de esa lucha fue la Cumbre de la UNASUR realizada en Bariloche que tras una tensa reunión, consensuó un documento, pero sin definición sobre las bases de Estados Unidos en Colombia. El documento final contiene importantes decisiones y entre ellas la que afirma categóricamente que "La Unasur promueve el diálogo, la cooperación, la confianza y la transparencia. También rechaza la presencia de grupos armados y el narcotráfico, por lo que decidimos construir un compromiso mutuo de defensa y de paz, rechazando el uso de la fuerza contra otro Estado".
En la Cumbre se resolvió “fortalecer a Sudamérica como zona de paz y trabajar para una solución pacífica de los conflictos y que la presencia de fuerzas extranjeras no puede amenazar la paz de los países de la región".
En Bariloche, Uribe se desnudó como un pequeño mandatario de una república bananera que espera milagros de Washington y en su intervención ensayó la defensa de su acuerdo con Estados Unidos y se quejó por la "falta de cooperación" de los gobiernos en su particular lucha contra las FARC, ELN y el narcotráfico. No lo dijo pero querría que todos los gobiernos de Suramérica acudieran en su ayuda y al no lograrlo, aseveró: "La propuesta de Estados Unidos representa un apoyo práctico y eficaz. Pocas veces hay una cooperación práctica, más allá del plano discursivo". "Queremos la exclusión eficaz de todos los grupos violentos de la región". ¿Acaso existe un cinismo mayor o un ejemplo mayor de entreguismo a la potencia imperial?
Agregó: "La corresponsabilidad no puede ser una norma que se quede en el texto de la diplomacia y que no tenga vigor, aplicación práctica, en la lucha día a día contra el tráfico de armas y el narcotráfico". Afirmó que Colombia "no renuncia a su soberanía" por acordar con Washington, sino que se rige por la idea de la "integración" entre Estados. "Se preservan los principios de integridad soberana y territorial", insistió Uribe respecto del acuerdo, pero sus palabras sólo merecieron rechazo de los presidentes reunidos en Bariloche, inclusive de su amigo y socio Alan García. Uribe es una vergüenza de traición entreguista al imperio. Sus débiles argumentos contrastan con los crímenes de Estado que comete contra su pueblo que es víctima de la violencia burguesa neoconservadora. Con cinismo defendió a Obama cuando afirmó: "No me parece que tengamos que llamar a cuentas a Obama. Para ello está la Asamblea de las Naciones Unidas. Una cosa es tener buen diálogo y otra cosa es llamarlo a dar cuentas a la región".
El Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, fue enfático al reclamar el documento integral respecto de la presencia de las bases en Colombia. Dijo que hay "informaciones muy difusas y vagas al respecto". "Sería necesario tenerlo para salir de algunas dudas y descifrar incógnitas, que bastantes tenemos". Reiteró sus cuestionamientos contra el proyecto colombiano y vinculó directamente la instalación de bases militares estadounidenses en Colombia con la nueva estrategia de defensa norteamericana que incluye, dijo, hipótesis de guerra. Chávez analizó en su discurso los lineamientos de la estrategia militar de Estados Unidos, y enfatizó: "Aquí se está hablando de guerra; esto es movilidad para la guerra". "Propongo, reiteró, que la Unasur, que tiene formado su Consejo de Defensa, revise la estrategia militar de Estados Unidos en forma profunda y luego el tema de la instalación de bases norteamericanas en Colombia". Estados Unidos con las bases militares en Colombia se convierte en un inminente peligro para los gobiernos progresistas y democráticos como los de Chávez en Venezuela, Correa en Ecuador, Morales en Bolivia y Ortega en Nicaragua.
El Comando Sur, Pentágono, CIA, DEA, y sus organizaciones mercenarias y paramilitares usarán a su antojo siete bases ubicadas en Malambo, Palanquero, Apia, Tumaco, Bahía Málaga, Tolemida y Fuerte Larandia. El Pacto Militar Estados Unidos-Colombia significa: Instalación de bases militares a las que el Comandante Fidel Castro llamó: “Siete puñales en el corazón de América”. La base de Palanquero en Puerto Salgar, Cundinamarca, al centro del país, es la mayor de todas y la que más apetitos despierta entre los halcones de Washington. Luego vienen las bases de Apiay, al sur, en el Meta y la de Malambo, en el departamento Atlántico, bastante cercana a la Guajira venezolana. Nadie duda que el Comando Sur al instalarse en Palanquero podría llegar a cualquier país de América del Sur o del Caribe. Palanquero debe convertirse, según el SouthCom en una “Localidad de Cooperación en Seguridad” (CSL, por su siglas en inglés). El documento elaborado por el Comando Aéreo para la Movilidad (AMC) de la Fuerza Aérea de Estados Unidos consigna los objetivos de ese cuerpo hasta el año 2025, para dotarse de corredores aéreos y las bases que le permitan mayor movilidad y alcance en sus operaciones. El AMC dice que el enclave de Palanquero, identificado por el Comando Sur como “un punto en el continente suramericano que puede usarse tanto para “operaciones antinarcóticos” como para ejecutar lo que denomina “operaciones móviles”.
El Comando Aéreo de Movilidad tiene varios planes en desarrollo y uno de ellos se denomina Estrategia Global en Ruta con el que el imperio pretende usar a nuestra América Latina para desde estas tierras lanzarse a la conquista de otros continentes como África. En el documento, el Comando Sur y su Comando Aéreo de Movilidad -AMC- se afirma: “Incluir a Sudamérica en la estrategia de la ruta global, ayuda a materializar nuestro “compromiso” con la región, y asiste a la movilidad en la ruta hacia África”. Al AMC se refirió el Presidente de Venezuela, Coronel Hugo Chávez al afirmar que desde Colombia se planifica la guerra contra América del Sur por parte de Estados Unidos. En Bariloche, el Presidente pro témpore de UNASAUR y Presidente del Ecuador, Rafael Correa advirtió: "Colombia tiene el mayor cultivo de drogas de la región y tanto Ecuador como Venezuela están libres de cultivos. Estos se concentran en el límite sur de Colombia, en la frontera con Ecuador. Entonces el problema no somos los vecinos". El mandatario ecuatoriano instó al pueblo colombiano "a abrir los ojos" para ver que lo que ocurre "es exactamente lo contrario" a lo que postula el presidente de Colombia, Álvaro Uribe, que defendió el acuerdo que negoció con Estados Unidos para que militares estadounidenses puedan usar bases colombianas.
El gobierno de Colombia es el más grande aliado y socio de Estados Unidos y defenderá a Uribe mientras lo considere necesario a sus intereses, pero más temprano que tarde Uribe acabará como Noriega que, en su tiempo, era el principal socio y agente de la CIA en América Latina. En respuesta a Bariloche, Obama envió de gira por la región a su subsecretario adjunto para Asuntos para el Hemisferio Occidental, Christopher McMullen.
La Cumbre en Bariloche fue importante al destacar en el texto de la Declaración Final que cualquier acuerdo de cooperación militar debe regirse por el respeto estricto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Tratado de Constitución de UNASUR. La dignataria argentina, Cristina Fernández, desnudó las intenciones de Washington al sostener que nunca se ha visto bombardear cargamentos de drogas; eso no se combate con aviones C-17, ni con el emplazamiento de radares. Se refirió también al Libro Blanco del Comando de Movilidad Aérea de Estados Unidos, que fue citado por el presidente venezolano, Hugo Chávez, con el ánimo de esclarecer el panorama en torno al despliegue de fuerzas norteamericanas en Colombia. Según Cristina Fernández, de la lectura del “Libro Blanco” se infiere que el establecimiento de bases militares parece más un dispositivo para guerras convencionales que para combatir el narcotráfico. Chávez, insistió en que el despliegue de bases militares norteamericanas en suelo colombiano responde a la estrategia global de dominación de Estados Unidos. Palanquero, sostuvo, figura en la relación de bases expedicionarias de conformidad con el Informe y es identificada como una localidad de seguridad de cooperación, que ayudaría con la ruta de movilidad hacia África. Desde allí, además, solo un avión C-17 sería suficiente para controlar la totalidad de Suramérica, con excepción del Cabo de Hornos, en Chile. Además, las bases militares de Estados Unidos en Colombia, son una amenaza a la estabilidad y consolidación de las incipientes democracias en América Latina. Desde las bases militares en Colombia, Estados Unidos controlaría toda la geografía suramericana y sus bombarderos son capaces de soltar sus bombas criminales en cualquier parte de América del Sur, del Caribe y de América Central.
El diario La Jornada de México, editorialmente sostenía: “Durante el encuentro, la anfitriona Cristina Fernández de Kirchner trazó un paralelo entre este hecho y la “experiencia terrible” que ha implicado la operación de bases británicas en las Malvinas; el mandatario venezolano, Hugo Chávez, afirmó que la suscripción del acuerdo entre la Casa Blanca y el Palacio de Nariño forma parte de “la estrategia global de dominación de Estados Unidos”; el presidente de Bolivia, Evo Morales, señaló que “no se puede permitir la presencia militar extranjera en nuestros territorios: es un mandato noble que nos dan nuestros pueblos”…
Es saludable, decía La Jornada, que exista en la región un grupo de gobiernos que, no obstante provenir de expresiones políticas e ideológicas distintas, estén dispuestos a llamar a las cosas por su nombre, a defender las respectivas soberanías nacionales y a rechazar un acuerdo que implica, en última instancia, una profunda amenaza de desestabilización en el subcontinente.
Contrario a lo que señala Uribe, no hay elemento alguno que justifique la instalación de este tipo de bases en Colombia: La presidenta de Argentina considera que el “narcotráfico y el terrorismo” se tienen que combatir, con medidas de “inteligencia y contrainteligencia”, no con el establecimiento de enclaves militares, y el propio Uribe debería saber, tras la experiencia de la aplicación del desastroso Plan Colombia, que la estrategia antinarco ofrecida desde Washington no arroja saldos particularmente positivos y sí potencia el desarrollo de escenarios de tintes bélicos y de violaciones sistemáticas a los derechos humanos. En cambio, existen razones de peso para sustentar el rechazo de los gobiernos sudamericanos a la presencia militar de la superpotencia en Colombia: históricamente, Washington ha brindado apoyo a golpes de Estado que asolaron la región el siglo pasado y ha respaldado la imposición de gobiernos títeres, ha mantenido un constante injerencismo económico en estos países, y ha emprendido ofensivas sistemáticas en contra de la integridad territorial y el pleno usufructo de los recursos naturales de las naciones al sur del río Bravo. Hasta ahora, el pretendido giro de Obama en materia de política exterior no ha pasado de ser un conjunto de buenas intenciones. En lo que se refiere a Latinoamérica, acuerdos como el que se comenta revierten los avances que pudieran haberse dado a nivel discursivo, reafirman el carácter imperial y colonialista de Washington y sus afanes hegemónicos en la región, además de que permiten ponderar el peso específico que mantienen el Pentágono y el complejo militar-industrial en la política de ese país.
El mensaje que se da al mundo no es la instalación de siete bases, sino que Washington las reconoce abiertamente, dejando de lado los eufemismos de “instalaciones de avanzada”. Se le informa a América Latina sobre la ocupación abierta del país sede del Plan Colombia y que este es el comienzo de una nueva historia para “colombianizar” a toda la región.
El pasado 18 de agosto, el embajador estadounidense William Brownfield anunció en Bogotá que las tropas militares de su país combatirán junto a las colombianas contra las guerrillas de las FARC”. Esto significa el comienzo de la futura expansión del Plan Colombia con las derivaciones que puedan tener esos combates, y la posibilidad de implicar a otros países en la presunta persecución de los “terroristas”, después que el ex presidente Bush dejó en claro que su país desconoce las fronteras en su nuevo esquema de guerra.
Héctor León Moncayo, en CEPRID decía que “existe una continuidad en la estrategia militar del Imperio, aunque paralelamente Obama se proponga adelantar nuevas combinaciones políticas. A esta altura es visible el arco de control establecido bajo jurisdicción del Comando Sur. Bases de Guantánamo (Cuba), Roosevelt Roads y Fort Buhanan (Puerto Rico), Soto Cano (Honduras), Comalapa (El Salvador), Bahamas, Curaçao y Aruba. Es cierto que el gobierno de Ecuador acaba de cancelar la concesión de la base de Manta, pero las siete bases en Colombia tienen una explicación que va más allá del reemplazo. Se trata de edificar un verdadero frente ofensivo (obsérvese la disposición longitudinal de Sur a Norte) hacia Venezuela, en lo inmediato, pero con propósitos de reforzar una iniciativa sobre la región andino-amazónica. De hecho, en lo que se refiere al Pacífico, téngase en cuenta que ya Alan García le otorgó derechos a la IV Flota para la utilización de los puertos peruanos, así como permitió la entrada del ejército de Estados Unidos en la zona del Valle de Huallaga.
Intervencionismo conspirativo y cambios de gobierno
Este frente ofensivo se levanta, por supuesto, sobre la base de la presencia que siempre ha tenido aquí, reforzada últimamente en desarrollo del ‘Plan Colombia’. Pero va más allá de las labores contrainsurgentes, que son lo que despierta el entusiasmo de Uribe. Al contrario, es posible que el Imperio le juegue a la prolongación del conflicto en la medida en que el argumento del “desbordamiento” le permita utilizar a los paramilitares contra Venezuela, en una nueva versión de los contra nicaragüenses. Sería una táctica de hostigamiento y provocación para precipitar una confrontación colombo-venezolana. Es lógico. En la actual coyuntura, no es factible un ataque militar directo de Estados Unidos en un país de Suramérica, pero sí una supuesta intervención humanitaria que, como contraprestación, lleve a “cambios de gobierno”. Téngase en cuenta que, paralelamente, la derecha militarista continúa la contraofensiva de recuperación, de Centroamérica al Sur, incluida Venezuela, bajo la fórmula nunca abandonada del intervencionismo conspirativo”.
Gloria Inés Ramírez Ríos, Senadora de la República de Colombia en representación del Polo Democrático Alternativo, al referirse a la decisión de Uribe de entregar Colombia a Estados Unidos, afirmaba: “Debe merecer la mayor atención la posición entreguista de Uribe Vélez ante el imperio norteamericano. No hay que olvidar que el gobierno de Uribe fue el único de Suramérica que apoyó la criminal invasión gringa a Irak que adhirió incondicionalmente a la política de Bush según la cual “el que no está con nosotros está con los terroristas”, política que, como se sabe, terminó en un estruendoso fracaso…Además, continúa con el plan Colombia, que es una ley norteamericana, y recurre a los peores actos de sometimiento con tal de que le aprueben el Tratado de Libre Comercio y le den el visto bueno a sus aspiraciones reeleccionistas. El último eslabón de esta cadena de entreguismo es la autorización para que las bases militares colombianas sean utilizadas por tropas
Uribe es bravucón y belicoso aquí, pero sumiso como el que más ante Estados Unidos. Bush decía de él que “hace lo que decimos y algo más”. Las palabras lapidarias de Jorge Eliecer Gaitán en uno de sus debates en el Congreso de la República por la masacre de las bananeras en 1928, parecen escritas para referirse a Uribe: “en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano”
Luego, la senadora afirmaba que según Wikipedia, “ una base militar es una instalación que es propiedad directa y operada por y/o para el ejército o una de sus ramas. En su mayoría acogen material y personal militar, así como instalaciones para entrenamiento y operaciones” Pero ha habido una evolución del concepto de bases militares a FOL (Centros Operativos de Avanzada) y a los CSL (Cooperative Security Locations/ Convenios Locales de Seguridad), que corresponden a la idea de operaciones más pequeñas, menos costosas y más sencillas de manejar y con un radio de alcance suficiente, a una distancia que le evite los riesgos pero que le permita actuar con agilidad. A estos se les llama Foreing Operating Locations –FOL- y los CSL corresponden a un término militar de los Estados Unidos para aquellas instalaciones utilizadas para hacer un entrenamiento regional contra el terrorismo y para el control del tráfico de drogas, además de proveer acceso de contingencia al continente.
De acuerdo con Chalmers Yohson profesor de la universidad de California “La mayoría de estas nuevas bases constituyen lotos desde los cuales nuestras fuerzas armadas podrían saltar como ranas muy bien armadas” (libro Estados Unidos un imperio en Guerra). Todo esto está en la lógica de la tenebrosa estrategia de la “guerra perpetua” definida por el Pentágono, la más reciente teoría militar norteamericana para el control del mundo. Política dentro de la cual, Estados Unidos puso a navegar la IV flota en aguas de Latinoamérica y el Caribe.
Al respecto, hacemos las siguientes observaciones:
1. Es muy poco creíble el propósito real de lucha contra el narcotráfico por parte del país que es el mayor consumidor de drogas ilícitas en el mundo. Si de verdad este fuera el objetivo, lo primero que tendría que hacer sería atacar el consumo en su propio territorio. La llamada lucha contra el terrorismo, como lo han demostrado los hechos, entraña graves riesgos. ¿Quién y con base en qué criterios define lo que es terrorismo?
2. El Presidente Uribe ha calificado a dirigentes de la oposición como “guerrilleros vestidos de civil”. El periódico norteamericano The Washington Post ha pedido que se incluya al gobierno del presidente Chávez entre los que apoyan el terrorismo.
3. En cuanto a otras amenazas de carácter transnacional, la falta de definiciones precisas conlleva que sea posible cualquier interpretación
4. Por estas razones, ha habido pronunciamientos de rechazo o de inquietud sobre las Bases por parte de los presidentes de Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, en tanto que el Presidente Lula, afirma que “A mí no me agrada la idea de una base militar americana en Colombia”, y la Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, ha dicho que “concuerda plenamente” con Lula y que la decisión de Colombia “afecta a todos los países”
Estados Unidos tiene más de 735 bases militares en 130 países del mundo, lo que constituye una estrategia global de expansión y control de naciones, recursos naturales y humanos” Según el investigador Charles Johnson, las bases militares extranjeras tienen 5 misiones específicas:
1. Mantener la supremacía militar absoluta en el mundo
2. Interferir comunicaciones
3. Intentar controlar el mayor número posible de fuentes petroleras
4. Dar trabajo e ingresos al complejo industrial militar
5. Asegurar que los militares y sus familias vivan con comodidad
Lo que interesa son los objetivos geoestratégicos, que son la seguridad nacional de Estados Unidos y el acceso a los recursos naturales de la región. Para ello ha instrumentalizado un plan que contiene dos elementos principales:
1. Los planes económicos, como el ALCA y los TLC, dirigidos a favorecer los intereses de las compañías trasnacionales y el gran capital norteamericano.
2. Un proceso de militarización de la región para hacer presiones en función de los planes económicos y comerciales y apropiarse de las riquezas estratégicas, especialmente energía, agua y biodiversidad. La senadora Gloria Inés Ramírez Ríos, sostuvo que las actividades militares de Estados Unidos en bases colombianas respetarán el ordenamiento jurídico de cada parte, la Carta de las Naciones Unidas, la igualdad soberana, la integridad territorial, el principio de no intervención en asuntos internos de otros Estado. Pero bien se sabe que Estados Unidos tiene una larga lista de violaciones a la soberanía de los países y al derecho internacional. Ejemplos:
1. Estados Unidos tiene numerosas leyes extraterritoriales que aplica más allá de sus fronteras, como el embargo a Cuba, la guerra preventiva, el Plan Colombia. Resulta muy poco creíble que los militares gringos vayan a subordinarse a las autoridades colombianas.
2. Control a operaciones ofensivas contra terceros.
Según los ministros, el objetivo es combatir amenazas internaciones como el tráfico de drogas y terrorismo y no realizar operaciones ofensivas contra terceros Estados.
3. Mitigación del impacto negativo en las relaciones con los países vecinos.
Aunque el gobierno asegura que el acuerdo es bilateral, puede favorecer a terceros interesados en cooperar para enfrentar el tráfico de drogas, el terrorismo y otras amenazas de carácter internacional, y da como prenda de garantía el hecho de que las agresiones a terceros Estados están excluidas de la práctica colombiana.
4. Número de personal militar o contratista.
Aún cuando el acuerdo contempla que el personal no excederá 800 militares y 600 contratistas, es claro que Estados Unidos buscará aplicar el pronunciamiento ya citado del Comité de las Fuerzas Armadas del Senado en el sentido de hacer una evaluación “sobre si estas limitaciones numéricas deben ser cambiadas hacía arriba o abajo, o revocadas”.
5. Aspectos jurídicos.
Según lo dicho por los ministros, este Acuerdo es una ampliación de los instrumentos bilaterales firmados entre Colombia y Estados Unidos y, por lo tanto, no necesita el procedimiento de un tratado internacional ante el Senado. Tampoco implica tránsito o permanencia de tropas extranjeras.
EEUU, Colombia y el Consejo Suramericano de Defensa Estados Unidos mueve a Colombia como su peón en el ajedrés de sus intereses geopolíticos y de dominación. No entiende que comenzó un cambio de época y que nuestras patrias no están dispuestas a ser reconolizadas. Son otros tiempos de lucha y esperanza para concretar la soberanía, independencia y los sueños de unidad.
En el proceso aparecen obstáculos planificados por Estados Unidos y dentro de esa planificación, la Colombia de Uribe y no su pueblo, es usada y manipulada para causar conflictos y con ellos divisiones, desentendimientos y confrontaciones. La histórica estrategia de Estados Unidos es dividir para reinar.
La reunión del Consejo Suramericano de Defensa realizada en Quito, el pasado 15 de septiembre fue el escenario de la jugarreta imperial a través de los ministros de Relaciones Exteriores y de Defensa de Colombia, Jaime Bermudez y Gabriel Silva, respectivamente, que de manera sistemática, descortés y grosera se negaron a entregar el texto del acuerdo militar suscrito entre Colombia y Estados Unidos para la instalación de siete bases militares en el territorio de le hermana República. Dijeron, sin vergüenza alguna que no contaban con el permiso yanqui para dar a conocer el documento con lo que demostraron su sometimiento al imperio y que la soberanía de su patria les importaba un comino. Colombia desoyó el pedido de 11 gobiernos miembros de UNASUR. En realidad fue un insulto del gobierno de Uribe, digno heredero de Paula Santander.
David Choquehuanca, Canciller de Bolivia resumió el pensamiento de sus colegas al afirmar: “Colombia podía presentar el texto del Convenio a UNASUR pero lamentablemente Colombia dice que está sujeta al consentimiento de Estados Unidos. El mandato de los presidentes era establecer medidas de confianza, pero por la intransigencia de Colombia no hemos podido llevar a cabo esto”.
La Colombia de Uribe obedece al dictado de Washington que ordena boicotear la necesaria transparencia del Convenio para la instalación de bases militares gringas que tienen la intencionalidad de la agresión armada a nuestras patrias. Los ministros colombianos siguiendo el eje del discurso de Uribe, en lugar de transparencia propusieron, nada menos, que UNASUR acoja la agenda colombiana de seguridad, lo que significa regionalizar el conflicto colombiano al invitar a que todos gobiernos y pueblos hermanos combatan a las guerrillas y se involucren directamente en su conflicto interno que no han podido resolver por más de 50 años.
Al día siguiente de la Reunión del Consejo Suramericano de Defensa, el ministro colombiano Gabriel Silva, declaraba en Bogotá que no descartaba la posibilidad de retiro de Colombia de la UNASUR. Finalmente aceptaba que cumplía el mandato estadounidense: Dividir a la UNASUR y acabar con ella. Uribe desmentía a su Ministro de Defensa y anunciaba que Colombia no se retiraría de la organización, pero ya era tarde para tratar de ocultar el interés gringo y de las elites gobernantes de Bogotá.
El Canciller brasileño Celso Amorín, sintetizaba el pensamiento de todos los cancilleres y ministros de Defensa al afirmar: “Colombia no ha entendido la sensibilidad que ha causado el acuerdo de las bases militares”. La reunión de Quito fue convocada en “pos de una mayor transparencia diseñen medidas de fomento de la confianza y la seguridad de manera complementaria a los instrumentos existentes en el marco de la OEA”.
Analistas, politólogos y comunicadores sociales con personalidades cipayas han criticado la Reunión del 15 de septiembre del Consejo Suramericano de Defensa y la han calificado de fracaso anunciando la desunión y el fin de la UNASUR, pero, a pesar de la posición colombiana que boycoteó la reunión e impidió que se avance en el “fomento de la confianza y la seguridad” la evaluación final fue positiva. El Canciller ecuatoriano Fandert Falconí sostuvo: “El primer resultado es el fortalecimiento de UNASUR, es decir como UNASUR estamos en la capacidad de procesar los problemas regionales. No tenemos que recurrir extra regionalmente a discutir nuestras problemáticas en temas tan álgidos como los temas de seguridad, o la creación de medidas de confianza mutua. Un segundo punto, señaló, en el que se avanzó es en la notificación de todos los acuerdos regionales y extra regionales una vez que se hayan aprobado los acuerdos de negociación, sin tener o no el consentimiento de un tercer país, y aquí fue un punto de estancamiento, básicamente Colombia solicitó tiempo para hacer consultas internas, los 11 países estuvieron de acuerdo con entregar los acuerdos que están debidamente notificados. Se aceptó la tesis de la no extraterritorialidad. Colombia aceptó el concepto de no extra territorialidad y estos es un paso significado en el proceso de UNASSUR…”
Por su parte el Ministro de Defensa de Ecuador, Xavier Ponce sostuvo: “En cuanto a los ejercicios intra y extra regionales hay que tener en cuenta que este capítulo hace referencia a las seguridades a nivel de las fronteras. Hubo pleno acuerdo en notificar a UNASUR el desarrollo de ejercicios militares con países de la región o extra regionales, invitar observadores militares y establecer ,mecanismos de comunicación entre las fuerzas militares siempre en función de alcanzar plena transparencia, aumentar la eficiencia y vigilancia en las fronteras y algo que ha venido, planteando Colombia en la reunión de UNASUR en Bariloche, adoptar medidas necesarias para impedir la presencia o acción de grupos armados al margen de la ley. En cuanto al cumplimiento y verificación hemos establecido un mecanismo voluntario de visitas a instalaciones militares, esto es fundamental porque no hace solo referencia a intercambio de información sino también a intercambio de experiencias de situaciones en las fronteras que puedan provocar incidentes”.
Cabe destacar la intervención del Canciller venezolano Nicolás Maduro en la que sostuvo: “Suramérica ya ha debatido sobre el tema de las bases militares estadounidenses y todo sobre este debate que se ha dado en los gobiernos, toda la presión de la opinión pública, de los movimientos sociales, de los ciudadanos de nuestros países tiene que tener un resultado para consolidar toda esta conciencia que se está dando de rechazo a las bases militares que lo que traen es violencia, guerra, amenaza a nuestro continente y más temprano que tarde el pueblo de Colombia tendrá que pedir cuentas a estos gobiernos entreguistas que han cedido el territorio de Colombia para que venga armamento, venga tecnología a amenazar a nuestro continente.” Por todos los medios, es preciso comprender y asumir conciencialmente que la entrega de bases militares a Estados Unidos es un nuevo y grave atentado contra la paz de América Latina y que con esas bases se inicia un proceso de desestabilización y directa amenaza a la soberanía, independencia y la libre autodeterminación de nuestros pueblos. Hoy con Uribe de rodillas ante el imperio, Estados Unidos pretende acabar con la UNASUR, pero esa pretensión divisionista y recolonizadora debe ser rechazada enérgicamente por nuestros pueblos. Además, se debe exigir a los gobiernos, avanzar en los procesos integracionistas y de consolidación de la UNASUR a pesar de Obama y Uribe.
La senadora colombiana Gloria Inés Martínez Ríos sostenía que: “El aumento y reforzamiento de la presencia militar norteamericana demuestra de manera fehaciente que el gobierno colombiano no tiene ninguna voluntad de paz y que su única opción es la guerra, lo que indudablemente agudizará el conflicto interno y hará más difícil la búsqueda de la paz que anhela la inmensa mayoría de nuestro pueblo. Desde todos las ciudades, pueblos, aldeas y desde todos los rincones de nuestras patrias, tenemos el deber histórico de rechazar la entrega de bases militares a Estados Unidos porque desde ellas se sembrará la violencia criminal de las agresiones militares y las guerras para dominar a nuestros pueblos y arrebatar los recursos naturales y la biodiversidad. ¿Qué dejaremos a nuestros hijos si ahora no detenemos la arremetida yanqui?
Nuestro deber moral impone que convoquemos a los parlamentos de nuestras patrias y sus organizaciones internacionales, a las organizaciones de la sociedad civil a los trabajadores del campo y la ciudad, a las organizaciones indígenas, sindicales, estudiantiles de mujeres, intelectuales, profesionales y a todo el pueblo a unirnos y marchar juntos para expulsar de nuestras patrias hasta el último soldado yanqui, hasta el último resquicio de una base militar imperialista y hasta el último barquito de la IV Flota. De todo el continente es la movilización contra la amenaza guerrerista del imperio.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Ocho años de la invasión ¿Qué hay detrás de la guerra de Afganistán?
Ocho años de la invasión
¿Qué hay detrás de la guerra de Afganistán?
Enrico Piovesana
PeaceReporter
Traducido para Rebelión por S. Seguí
¿La minería de uranio? ¿El oleoducto transafgano? ¿La posición geoestratégica? ¿O tal vez el control del tráfico de drogas?
¿Por qué, hace exactamente ocho años, los Estados Unidos y sus aliados invadieron y ocuparon Afganistán? ¿Qué intereses están ocultos detrás de las explicaciones oficiales de esta guerra? Las hipótesis formuladas en estos años son muchas, pero ninguna suficientemente convincente. A excepción de una, aunque muy difícil de probar.
Los recursos energéticos. En informe publicado en diciembre de 2000 en el sitio web de la Energy Information Administration (EIA), organismo de estadística del Departamento de Energía de Estados Unidos (que luego fue retirado), Afganistán se presenta como un país con escasos recursos energéticos (nunca explotados) que, según datos que se remontan al periodo de la ocupación soviética, consisten en unas reservas de petróleo de 95 millones de barriles (concentradas en la zona de Herat), depósitos de gas natural de 5 billones de pies cúbicos (en el Shebergan), más 400 millones de toneladas de carbón (entre Badakshan y Herat).
Recursos demasiado pequeños para justificar una invasión militar cuyo coste hasta la fecha, sólo para los Estados Unidos, es de casi 230 mil millones de dólares.
Muchos en Afganistán hablan de yacimientos de uranio en el desierto de la provincia meridional de Helmand, donde el control y la explotación estarían en el centro de una dura disputa entre fuerzas estadounidenses y británicas. Pero por ahora esta historia no ha tenido ninguna confirmación.
El oleoducto transafgano. Muchos estiman que es la verdadera motivación que llevó a los Estados Unidos a invadir Afganistán en 2001.
El proyecto de construir una conducción de 1.680 kilómetros de largo para transportar gas de Dauletabad , en Turkmenistán, hasta Pakistán a través de Afganistán occidental (Herat y Kandahar) se inició en 1996 por la compañía petrolífera estadounidense Unocal (para la que trabajaban tanto Hamid Karzai como Zalmay Khalizad) en cooperación con el régimen talibán (en 1996, Unocal abrió una oficina en Kandahar y el año siguiente miembros del gobierno talibán fueron recibidos en EEUU).
La idea fue abandonada a finales de los años 90 a la espera de que “la situación política y militar en Afganistán mejore (fuente: EIA, diciembre de 2000). Dada la imposibilidad de abrir el corredor sur de Asia, Occidente optó por el del Cáucaso meridional, y en 2006 se inaugura un gasoducto que transporta gas de Turkmenistán a Turquía a través del Mar Caspio, Azerbaiyán y Georgia (y que a partir de 2015 se conectará al gasoducto Nabuco).
El proyecto de gasoducto transafgano, sin embargo, no se abandona. Los tres países involucrados vuelven a estudiarlo a partir de 2002, y en abril de 2008 firman un acuerdo con India, que prevé la apertura del oleoducto en 2018 (previsión excesivamente optimista, según los analistas en el sector). Para financiar el proyecto (7.600 millones de dólares) se cuenta con el Banco Asiático de Desarrollo (del que Estados Unidos y Japón son los principales accionistas.) Las empresas petroleras interesadas son estadounidenses, británicas y canadienses.
Aunque importante, parece arriesgado identificar con este proyecto –de muy difícil realización y superado por otras rutas– el motivo de la continua ocupación de Afganistán por los occidentales.
La ubicación estratégica. Afganistán tiene la desgracia de estar en el corazón del continente asiático, en una posición estratégica que permite a quien controle el país monitorear de cerca todas las potencias nucleares de la región: China, Rusia, India y Pakistán; y completar el cerco de Irán, país que en caso de guerra con EE. UU. se enfrentaría a un ataque por dos frentes: Iraq y Afganistán.
Sin embargo, según muchos analistas militares, la voluntad estadounidense de controlar Afganistán debe leerse, sobre todo, en clave de contraposición a China, considerada por el Pentágono como la mayor amenaza potencial a la hegemonía militar y económica mundial de Estados Unidos no sólo en Asia sino también en el Oriente Próximo, África y América Latina. Una amenaza que se hizo más real después de la creación en junio de 2001, de la alianza político-militar liderada por China: la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que reúne a China, Rusia, las repúblicas de Asia Central, y pronto, tal vez incluso Irán. Y que, en el futuro, dada su integración gradual con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza político-militar liderada por Rusia, podría extender su influencia hasta Europa oriental (Belarús) y el Cáucaso (Armenia), convirtiéndose, a todos los efectos, en una alianza contrapuesta a una OTAN liderada por EEUU. Un Afganistán bajo control americano es una espina en el costado de China, en particular por su proximidad a Xinjang, una región riquísima en petróleo y desestabilizada por el nacionalismo uigur (tradicionalmente sostenido por la CIA).
La importancia geoestratégica de Afganistán es innegable y ha desempeñado ciertamente un papel importante en la decisión de EE. UU. de ocupar el país y establecer bases militares permanentes.
El negocio de las drogas. Pero quizás detrás de la guerra en Afganistán se escondan intereses aún mayores y más inconfesables: los relacionados con el control del tráfico mundial de heroína, uno de los negocios más rentables del planeta, con un volumen de negocio anual estimado en alrededor de 150 mil millones de dólares por año.
No es ningún secreto que el auge en la producción de opio y heroína en los años 70, en el llamado Triángulo de Oro (Laos, Birmania, Camboya), fue dirigida por la CIA, que con el producto de las operaciones de tráfico de drogas financiaba sus operaciones anticomunistas del Sudeste Asiático. El mismo sistema –igualmente bien conocido– fue adoptado por la CIA en los años 80 en América Latina, para financiar, con el producto de la cocaína, la guerrilla antisandinista de la Contra en Nicaragua, y en Afganistán, con los ingresos de la heroína, la resistencia antisoviética de los mujaheddin.
En Afganistán, el negocio continuó también en los años 90 y se incrementó con la llegada al poder de los talibanes, con el conocido respaldo de la CIA. Hasta 2000, cuando el mulá Omar, a fin de obtener apoyo internacional para su régimen, decidió prohibir la producción de opio, que en 2001 cayó a niveles cercanos a cero. Una producción que en el Afganistán "liberado" y controlado por los militares y los servicios secretos de EEUU se reanuda a pleno ritmo desde 2002 (cuando los talibanes aún no habían regresado) pulverizando todos los récords históricos y transformando en pocos años este país de Asia meridional en el principal productor de heroína del mundo (93 por ciento de la producción mundial). Una situación que las fuerzas de EE. UU. presentes en Afganistán se han negado sistemáticamente a afrontar, afirmando que éste “no era su trabajo” y dejándolo en manos del gobierno títere de Kabul.
Según un número cada vez mayor y más heterogéneo de expertos y de personas bien informadas, la CIA habría subcontratado la producción y el procesamiento de la heroína al narco-Estado encabezado por Karzai, protegiendo por su parte las rutas de evacuación por vía terrestre (Pakistán, Irán y Tayikistán) y gestionando directamente los despachos por vía aérea hacia el exterior.
¿Una nueva Air América? (1) Según una investigación realizada por el canal de televisión ruso Vesti, la heroína afgana sale de Afganistán a bordo de aviones estadounidenses de carga militar directamente desde las bases de Ganci en Kirguistán, y de Inchirlik, en Turquía. Y según ha escrito en The Guardian el periodista afgano Nushin Arbabzadah, a menudo oculta en ataúdes de los militares de EE. UU., llenos de droga en lugar de cadáveres.
"Creo que es posible que esto suceda, aunque no puedo intentarlo", comentó diplomáticamente el embajador ruso en Kabul, Zamir Kabulov.
El periodista ruso Arkadi Gubnov, de Vremya Novostei, haciendo pública una información proporcionada por una fuente de los servicios secretos afganos, ha escrito “el 85 por ciento de toda la droga producidas en Afganistán se transporta al exterior por medio de la aviación estadounidense.”
El pasado verano, el general ruso Mahmut Gareev, ex comandante de las tropas soviéticas en Afganistán, manifestó a Russia Today: “Los estadounidenses no hacen nada contra la producción de droga en Afganistán porque les proporciona, por lo menos, 50 mil millones de dólares al año. No es un misterio que los estadounidenses transportan la droga en sus aeronaves militares al extranjero”.
El periodista estadounidense Dave Gibson, de NewsMax, ha citado una fuente anónima de los servicios de inteligencia de EE. UU. al afirmar que “la CIA siempre ha estado involucrada en el tráfico mundial de drogas, y en Afganistán simplemente llevan a cabo su negocio favorito, como hicieron durante la guerra de Vietnam.”
El economista ruso Mikhail Khazin dijo en una entrevista que “los estadounidenses están trabajando duro para mantener el tráfico de estupefacientes en Afganistán a través de las garantías de seguridad que la CIA da a los traficantes locales de drogas.”
“Estados Unidos no se opone al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano de Karzai”, escribe el famoso periodista norteamericano Eric Margolis en el Huffington Post. “Lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos.”
¿Narcodólares para salvar a los bancos en crisis? Antonio Maria Costa, director general de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en una entrevista al semanario austríaco Profil declaró: "El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante. Esto significa la entrada de capital de inversión. Hay indicios de que estos fondos también acabaron en el sector financiero, que está bajo presión evidente desde la segunda mitad del año pasado (debido a la crisis financiera mundial, N. del autor).
El dinero del tráfico de drogas es actualmente el único capital líquido disponible para inversión. En la segunda mitad de 2008, la liquidez era el principal problema del sistema bancario, de ahí que este capital en efectivo se haya convertido en un factor importante. Parece que los préstamos bancarios han sido financiados con dinero que proviene del narcotráfico y otras actividades ilegales. Es, obviamente, difícil de probar, pero hay indicios de que algunos bancos se han salvado por estos medios.”
(1) Air America: línea aérea estadounidense establecida en 1946, propiedad de la Central Intelligence Agency (CIA) y gestionada por su División de Operaciones Especiales, responsable de las actividades secretas de la Compañía, desde 1950 hasta 1976. Para más información sobre participación de la CIA y de Air America en el tráfico, véase Alfred W. McCoy: The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1972. (N. del t.).
Fuente: http://it.peacereporter.net/stampa/18036
¿Qué hay detrás de la guerra de Afganistán?
Enrico Piovesana
PeaceReporter
Traducido para Rebelión por S. Seguí
¿La minería de uranio? ¿El oleoducto transafgano? ¿La posición geoestratégica? ¿O tal vez el control del tráfico de drogas?
¿Por qué, hace exactamente ocho años, los Estados Unidos y sus aliados invadieron y ocuparon Afganistán? ¿Qué intereses están ocultos detrás de las explicaciones oficiales de esta guerra? Las hipótesis formuladas en estos años son muchas, pero ninguna suficientemente convincente. A excepción de una, aunque muy difícil de probar.
Los recursos energéticos. En informe publicado en diciembre de 2000 en el sitio web de la Energy Information Administration (EIA), organismo de estadística del Departamento de Energía de Estados Unidos (que luego fue retirado), Afganistán se presenta como un país con escasos recursos energéticos (nunca explotados) que, según datos que se remontan al periodo de la ocupación soviética, consisten en unas reservas de petróleo de 95 millones de barriles (concentradas en la zona de Herat), depósitos de gas natural de 5 billones de pies cúbicos (en el Shebergan), más 400 millones de toneladas de carbón (entre Badakshan y Herat).
Recursos demasiado pequeños para justificar una invasión militar cuyo coste hasta la fecha, sólo para los Estados Unidos, es de casi 230 mil millones de dólares.
Muchos en Afganistán hablan de yacimientos de uranio en el desierto de la provincia meridional de Helmand, donde el control y la explotación estarían en el centro de una dura disputa entre fuerzas estadounidenses y británicas. Pero por ahora esta historia no ha tenido ninguna confirmación.
El oleoducto transafgano. Muchos estiman que es la verdadera motivación que llevó a los Estados Unidos a invadir Afganistán en 2001.
El proyecto de construir una conducción de 1.680 kilómetros de largo para transportar gas de Dauletabad , en Turkmenistán, hasta Pakistán a través de Afganistán occidental (Herat y Kandahar) se inició en 1996 por la compañía petrolífera estadounidense Unocal (para la que trabajaban tanto Hamid Karzai como Zalmay Khalizad) en cooperación con el régimen talibán (en 1996, Unocal abrió una oficina en Kandahar y el año siguiente miembros del gobierno talibán fueron recibidos en EEUU).
La idea fue abandonada a finales de los años 90 a la espera de que “la situación política y militar en Afganistán mejore (fuente: EIA, diciembre de 2000). Dada la imposibilidad de abrir el corredor sur de Asia, Occidente optó por el del Cáucaso meridional, y en 2006 se inaugura un gasoducto que transporta gas de Turkmenistán a Turquía a través del Mar Caspio, Azerbaiyán y Georgia (y que a partir de 2015 se conectará al gasoducto Nabuco).
El proyecto de gasoducto transafgano, sin embargo, no se abandona. Los tres países involucrados vuelven a estudiarlo a partir de 2002, y en abril de 2008 firman un acuerdo con India, que prevé la apertura del oleoducto en 2018 (previsión excesivamente optimista, según los analistas en el sector). Para financiar el proyecto (7.600 millones de dólares) se cuenta con el Banco Asiático de Desarrollo (del que Estados Unidos y Japón son los principales accionistas.) Las empresas petroleras interesadas son estadounidenses, británicas y canadienses.
Aunque importante, parece arriesgado identificar con este proyecto –de muy difícil realización y superado por otras rutas– el motivo de la continua ocupación de Afganistán por los occidentales.
La ubicación estratégica. Afganistán tiene la desgracia de estar en el corazón del continente asiático, en una posición estratégica que permite a quien controle el país monitorear de cerca todas las potencias nucleares de la región: China, Rusia, India y Pakistán; y completar el cerco de Irán, país que en caso de guerra con EE. UU. se enfrentaría a un ataque por dos frentes: Iraq y Afganistán.
Sin embargo, según muchos analistas militares, la voluntad estadounidense de controlar Afganistán debe leerse, sobre todo, en clave de contraposición a China, considerada por el Pentágono como la mayor amenaza potencial a la hegemonía militar y económica mundial de Estados Unidos no sólo en Asia sino también en el Oriente Próximo, África y América Latina. Una amenaza que se hizo más real después de la creación en junio de 2001, de la alianza político-militar liderada por China: la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), que reúne a China, Rusia, las repúblicas de Asia Central, y pronto, tal vez incluso Irán. Y que, en el futuro, dada su integración gradual con la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), la alianza político-militar liderada por Rusia, podría extender su influencia hasta Europa oriental (Belarús) y el Cáucaso (Armenia), convirtiéndose, a todos los efectos, en una alianza contrapuesta a una OTAN liderada por EEUU. Un Afganistán bajo control americano es una espina en el costado de China, en particular por su proximidad a Xinjang, una región riquísima en petróleo y desestabilizada por el nacionalismo uigur (tradicionalmente sostenido por la CIA).
La importancia geoestratégica de Afganistán es innegable y ha desempeñado ciertamente un papel importante en la decisión de EE. UU. de ocupar el país y establecer bases militares permanentes.
El negocio de las drogas. Pero quizás detrás de la guerra en Afganistán se escondan intereses aún mayores y más inconfesables: los relacionados con el control del tráfico mundial de heroína, uno de los negocios más rentables del planeta, con un volumen de negocio anual estimado en alrededor de 150 mil millones de dólares por año.
No es ningún secreto que el auge en la producción de opio y heroína en los años 70, en el llamado Triángulo de Oro (Laos, Birmania, Camboya), fue dirigida por la CIA, que con el producto de las operaciones de tráfico de drogas financiaba sus operaciones anticomunistas del Sudeste Asiático. El mismo sistema –igualmente bien conocido– fue adoptado por la CIA en los años 80 en América Latina, para financiar, con el producto de la cocaína, la guerrilla antisandinista de la Contra en Nicaragua, y en Afganistán, con los ingresos de la heroína, la resistencia antisoviética de los mujaheddin.
En Afganistán, el negocio continuó también en los años 90 y se incrementó con la llegada al poder de los talibanes, con el conocido respaldo de la CIA. Hasta 2000, cuando el mulá Omar, a fin de obtener apoyo internacional para su régimen, decidió prohibir la producción de opio, que en 2001 cayó a niveles cercanos a cero. Una producción que en el Afganistán "liberado" y controlado por los militares y los servicios secretos de EEUU se reanuda a pleno ritmo desde 2002 (cuando los talibanes aún no habían regresado) pulverizando todos los récords históricos y transformando en pocos años este país de Asia meridional en el principal productor de heroína del mundo (93 por ciento de la producción mundial). Una situación que las fuerzas de EE. UU. presentes en Afganistán se han negado sistemáticamente a afrontar, afirmando que éste “no era su trabajo” y dejándolo en manos del gobierno títere de Kabul.
Según un número cada vez mayor y más heterogéneo de expertos y de personas bien informadas, la CIA habría subcontratado la producción y el procesamiento de la heroína al narco-Estado encabezado por Karzai, protegiendo por su parte las rutas de evacuación por vía terrestre (Pakistán, Irán y Tayikistán) y gestionando directamente los despachos por vía aérea hacia el exterior.
¿Una nueva Air América? (1) Según una investigación realizada por el canal de televisión ruso Vesti, la heroína afgana sale de Afganistán a bordo de aviones estadounidenses de carga militar directamente desde las bases de Ganci en Kirguistán, y de Inchirlik, en Turquía. Y según ha escrito en The Guardian el periodista afgano Nushin Arbabzadah, a menudo oculta en ataúdes de los militares de EE. UU., llenos de droga en lugar de cadáveres.
"Creo que es posible que esto suceda, aunque no puedo intentarlo", comentó diplomáticamente el embajador ruso en Kabul, Zamir Kabulov.
El periodista ruso Arkadi Gubnov, de Vremya Novostei, haciendo pública una información proporcionada por una fuente de los servicios secretos afganos, ha escrito “el 85 por ciento de toda la droga producidas en Afganistán se transporta al exterior por medio de la aviación estadounidense.”
El pasado verano, el general ruso Mahmut Gareev, ex comandante de las tropas soviéticas en Afganistán, manifestó a Russia Today: “Los estadounidenses no hacen nada contra la producción de droga en Afganistán porque les proporciona, por lo menos, 50 mil millones de dólares al año. No es un misterio que los estadounidenses transportan la droga en sus aeronaves militares al extranjero”.
El periodista estadounidense Dave Gibson, de NewsMax, ha citado una fuente anónima de los servicios de inteligencia de EE. UU. al afirmar que “la CIA siempre ha estado involucrada en el tráfico mundial de drogas, y en Afganistán simplemente llevan a cabo su negocio favorito, como hicieron durante la guerra de Vietnam.”
El economista ruso Mikhail Khazin dijo en una entrevista que “los estadounidenses están trabajando duro para mantener el tráfico de estupefacientes en Afganistán a través de las garantías de seguridad que la CIA da a los traficantes locales de drogas.”
“Estados Unidos no se opone al narcotráfico afgano para no socavar la estabilidad de un gobierno apoyado por los principales traficantes de drogas en el país, empezando por el hermano de Karzai”, escribe el famoso periodista norteamericano Eric Margolis en el Huffington Post. “Lo sucedido en el pasado en Indochina y América Central indica que la CIA podría estar implicada en el tráfico de drogas afganas en mayor medida que la que ya sabemos. En ambos casos, los aviones de la CIA transportaban drogas al extranjero en nombre de sus aliados locales, y lo mismo podría ocurrir en Afganistán. Cuando la historia de la guerra se haya escrito, la sórdida participación de Washington en el tráfico de heroína afgana será uno de los capítulos más vergonzosos.”
¿Narcodólares para salvar a los bancos en crisis? Antonio Maria Costa, director general de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD), en una entrevista al semanario austríaco Profil declaró: "El narcotráfico es la única industria en crecimiento. Las ganancias son reinvertidas sólo en parte en actividades ilegales, el resto del dinero se coloca en la economía legal mediante operaciones de blanqueo. No sabemos cuánto, pero el volumen es impresionante. Esto significa la entrada de capital de inversión. Hay indicios de que estos fondos también acabaron en el sector financiero, que está bajo presión evidente desde la segunda mitad del año pasado (debido a la crisis financiera mundial, N. del autor).
El dinero del tráfico de drogas es actualmente el único capital líquido disponible para inversión. En la segunda mitad de 2008, la liquidez era el principal problema del sistema bancario, de ahí que este capital en efectivo se haya convertido en un factor importante. Parece que los préstamos bancarios han sido financiados con dinero que proviene del narcotráfico y otras actividades ilegales. Es, obviamente, difícil de probar, pero hay indicios de que algunos bancos se han salvado por estos medios.”
(1) Air America: línea aérea estadounidense establecida en 1946, propiedad de la Central Intelligence Agency (CIA) y gestionada por su División de Operaciones Especiales, responsable de las actividades secretas de la Compañía, desde 1950 hasta 1976. Para más información sobre participación de la CIA y de Air America en el tráfico, véase Alfred W. McCoy: The Politics of Heroin in Southeast Asia, 1972. (N. del t.).
Fuente: http://it.peacereporter.net/stampa/18036
GOP Delegation Violates the Logan Act Are Republicans Breaking US Law in Honduras?
October 7, 2009
GOP Delegation Violates the Logan Act
Are Republicans Breaking US Law in Honduras?
By BRENDAN COONEY
As if the right needed to add to its anti-democratic pedigree, Republican leaders have flocked to Tegucigalpa to bolster the junta in Honduras.
Nine Congressional Republicans – including seven in the past week as the crisis heats up -- have now met with Roberto Micheletti, who took power after a military coup June 28.
This is a coup that has been denounced by everyone from the Organization of American States to the United Nations, which passed a resolution calling “categorically on all states to recognise no government other than that” of the elected president, Manuel Zelaya. No state has recognized Micheletti as president.
But U.S. Republicans have.
“He is the president of Honduras,” said Rep. Ileana Ros-Lehtinen, the ranking Republican on the House Foreign Affairs Committee, on Monday. “Some people tell me 'de facto' government, but under the Constitution of the Republic I am seated here with the president of this country and it’s a great honor.”
Leading us further down the rabbit hole is South Carolina Senator Jim DeMint, a member of the Foreign Relations committee, who visited Micheletti and his backers Oct. 2: “We saw a government working hard to follow the rule of law, uphold its constitution, and to protect democracy for the people of Honduras.”
Consistent with every other country, from Venezuela on the left to Colombia on the right, U.S. President Barack Obama’s policy has been to not recognize or meet with Micheletti.
Since contact with Micheletti is in direct conflict with stated U.S. interests, these nine Republicans, as well as Senate Minority Leader Mitch McConnell, who has aided them, seem to have broken U.S. law. The Logan Act says that anyone who without government authorization “directly or indirectly commences or carries on any correspondence or intercourse with any foreign government or any officer or agent thereof, with intent to influence the measures or conduct of any foreign government or of any officer or agent thereof, in relation to any disputes or controversies with the United States, or to defeat the measures of the United States, shall be fined under this title or imprisoned not more than three years, or both.”
Tomas Ayuso, a research fellow at the Council on Hemispheric affairs who spent the summer reporting on the crisis from Tegucigalpa, agrees. The members of Congress meeting with Micheletti “are in violation of the Logan Act,” he said.
There have been three Republican trips to Honduras to meet with Micheletti: a July trip by House members Connie Mack (R-Florida) and Brian Bilbray (R-California); last week’s trip by Senators Jim DeMint (R- South Carolina), Aaron Schock (R-Illinois), Peter Roskam (R-Illinois), and Doug Lamborn (R-Colorado); and Monday’s visit by House members Ileana Ros-Lehtinen (R-Florida), Lincoln Diaz-Balart (R-Florida), and Mario Diaz-Balart (R-Florida).
Though ignorance of the law is no defense, could it be that our representatives didn’t know about Obama’s policy of not meeting with Micheletti? No.
Mack’s report from his trip, for example, reads: “After ending the luncheon, the Ambassador re-emphasized the Obama Administration’s policy of no contact with Honduran President Micheletti. Congressman Mack nonetheless demanded that all sides should have their arguments heard, and therefore insisted on the meeting.”
How is that not a violation of the Logan Act?
Incidentally, Mack has called the Organization of American States “dangerous” for supporting Zelaya – an elected leader – and not Micheletti – a coup leader. By that logic, he finds every country in the world dangerous.
That Republicans would wage battle against democracy comes as no surprise. But how Democrats let them get away with sabotaging the stated interests of the United States is another matter.
Sen. John Kerry, who chairs the Foreign Relations Committee, tried to stop DeMint’s trip to Honduras, but when DeMint appealed to McConnell, he wound up riding to Honduras in a Pentagon airplane. How could Obama not have known that his own Defense Department was thwarting him? Why hasn’t the airplane matter been investigated?
Obama has been disturbingly blasé about the coup, perhaps because Zelaya had become a critic of the United States in the vein of Chavez. Secretary of State Hillary Clinton even called Zelaya’s attempted return “reckless.” But Obama now has begun rescinding visas for backers of Micheletti, and he has cut off $30 million in aid to Honduras.
These moves come more than two months after the coup, and Obama’s hesitation has only girded Micheletti’s will. “[U.S. officials] are doing these piecemeal steps to see how the de facto regime responds,” said Vicki Gass of the Washington Office on Latin America, a human rights group. “And each time the de facto regime remains intransigent, they up the ante, but it takes them way too long.”
Opponents ousted democratically elected Manuel Zelaya for trying to hold a referendum on rewriting the constitution. They accuse him of wanting to get rid of the single-term limit, a charge he denies. In a pre-dawn raid, the military seized a pajama-clad Zelaya and sent him to Costa Rica. He snuck back into the country Sept. 21 and has been holed up in the Brazilian embassy, surrounded by Micheletti’s soldiers.
That hasn’t stopped Republicans from arguing that the United States should support a putsch that even one of its leaders has admitted is illegal.
In an interview with the Miami Herald, the Honduran military’s chief lawyer, Colonel Herberth Bayardo Inestroza, acknowledged that it was an illegal military-led coup: “In the moment that we took him out of the country, in the way that he was taken out, there was a crime.”
Inestroza justified the move by saying that merely imprisoning Zelaya would have led to bloodshed, because his supporters would have demonstrated for his release. “We know there was a crime there,” he said. “[But] what was more beneficial, remove this gentleman from Honduras or present him to prosecutors and have a mob assault and burn and destroy and for us to have to shoot? If we had left him here, right now we would be burying a pile of people.”
As for the raft of U.S. Republicans backing the coup (and refusing to call it a coup), their fear is something else: socialism.
“This is about trying to stymie the Obama administration's efforts in Latin America and the Republicans’ obsession with Hugo Chavez and their concern about his expanding influence in the region,” Dan Erikson, a senior associate at the nonpartisan Inter-American Dialogue think tank in Washington, told the Associated Press.
Whether or not the Republican trips are found to be illegal, they are surely helping Micheletti dig in his heels. The toxic soup is likely to boil over after the Nov. 29 election, whose results the United States and other countries have said they will not recognize because of the coup and crackdown on civil liberties.
Meanwhile Republicans blow on for freedom, somehow keeping their faces straight. “The way out of this problem is to respect the free and fair elections that the people of Honduras are going to have," said Ros-Lehtinen, whose sterling right-wing creds include cheerleading the U.S. invasion of Iraq and telling Israel after it bombed Syria: “We are a better world because you did that.”
“I will tell my colleagues (U.S. Congressmen) to come to Honduras, not to see the newspapers, CNN or any media, to come here to meet with the legitimate government to listen their aspiration of living in peace and democracy,” Ros-Lehtinen said.
This aspiration apparently includes shutting down two media outlets, banning freedom of assembly, and arresting over a thousand protesters. The crackdown has killed eleven people, according to the Committee for Families of the Disappeared and Detainees in Honduras, or Cofadeh. On Sept. 30, Micheletti rounded up the 55 farmers who had occupied the National Agrarian Institute to protest the coup, and a judge ordered 38 of them to be held on charges of sedition.
Joining Ros-Lehtinen in her Oct. 5 visit was Rep. Lincoln Diaz-Balart and his younger brother, Rep. Mario Diaz-Balart. All three are Cuban exiles long driven by opposition to Fidel Castro. The Diaz-Balarts are sons of Rafael Diaz-Balart, minister of the interior under the U.S.-backed Cuban dictator Fulgencio Batista, overthrown by another coup leader, Castro, in 1959.
The anti-democratic instincts of the right are not limited to politicians with such a personal kite in the sky.
The Wall Street Journal gave a platform to Micheletti on its op-ed page, on which amid all the rationalizations for the coup, he writes, “Regarding the decision to expel Mr. Zelaya from the country the evening of June 28 without a trial, reasonable people can believe the situation could have been handled differently.” And here’s how the fair-and-balanced Journal editors sugarcoat Micheletti: “Mr. Micheletti, previously the president of the Honduran Congress, became president of Honduras upon the departure of Manuel Zelaya. He is a member of the Liberal Party, the same party as Mr. Zelaya.”
Departure? The only departure here is from the world of reason, in which we can call a military seizure of a president a coup and not an act of freedom, and see it as something that needs to be resisted by other governments before there’s a lot more blood spilled.
Brendan Cooney is an anthropologist living in New York City. He can be reached at: itmighthavehappened@yahoo.com
GOP Delegation Violates the Logan Act
Are Republicans Breaking US Law in Honduras?
By BRENDAN COONEY
As if the right needed to add to its anti-democratic pedigree, Republican leaders have flocked to Tegucigalpa to bolster the junta in Honduras.
Nine Congressional Republicans – including seven in the past week as the crisis heats up -- have now met with Roberto Micheletti, who took power after a military coup June 28.
This is a coup that has been denounced by everyone from the Organization of American States to the United Nations, which passed a resolution calling “categorically on all states to recognise no government other than that” of the elected president, Manuel Zelaya. No state has recognized Micheletti as president.
But U.S. Republicans have.
“He is the president of Honduras,” said Rep. Ileana Ros-Lehtinen, the ranking Republican on the House Foreign Affairs Committee, on Monday. “Some people tell me 'de facto' government, but under the Constitution of the Republic I am seated here with the president of this country and it’s a great honor.”
Leading us further down the rabbit hole is South Carolina Senator Jim DeMint, a member of the Foreign Relations committee, who visited Micheletti and his backers Oct. 2: “We saw a government working hard to follow the rule of law, uphold its constitution, and to protect democracy for the people of Honduras.”
Consistent with every other country, from Venezuela on the left to Colombia on the right, U.S. President Barack Obama’s policy has been to not recognize or meet with Micheletti.
Since contact with Micheletti is in direct conflict with stated U.S. interests, these nine Republicans, as well as Senate Minority Leader Mitch McConnell, who has aided them, seem to have broken U.S. law. The Logan Act says that anyone who without government authorization “directly or indirectly commences or carries on any correspondence or intercourse with any foreign government or any officer or agent thereof, with intent to influence the measures or conduct of any foreign government or of any officer or agent thereof, in relation to any disputes or controversies with the United States, or to defeat the measures of the United States, shall be fined under this title or imprisoned not more than three years, or both.”
Tomas Ayuso, a research fellow at the Council on Hemispheric affairs who spent the summer reporting on the crisis from Tegucigalpa, agrees. The members of Congress meeting with Micheletti “are in violation of the Logan Act,” he said.
There have been three Republican trips to Honduras to meet with Micheletti: a July trip by House members Connie Mack (R-Florida) and Brian Bilbray (R-California); last week’s trip by Senators Jim DeMint (R- South Carolina), Aaron Schock (R-Illinois), Peter Roskam (R-Illinois), and Doug Lamborn (R-Colorado); and Monday’s visit by House members Ileana Ros-Lehtinen (R-Florida), Lincoln Diaz-Balart (R-Florida), and Mario Diaz-Balart (R-Florida).
Though ignorance of the law is no defense, could it be that our representatives didn’t know about Obama’s policy of not meeting with Micheletti? No.
Mack’s report from his trip, for example, reads: “After ending the luncheon, the Ambassador re-emphasized the Obama Administration’s policy of no contact with Honduran President Micheletti. Congressman Mack nonetheless demanded that all sides should have their arguments heard, and therefore insisted on the meeting.”
How is that not a violation of the Logan Act?
Incidentally, Mack has called the Organization of American States “dangerous” for supporting Zelaya – an elected leader – and not Micheletti – a coup leader. By that logic, he finds every country in the world dangerous.
That Republicans would wage battle against democracy comes as no surprise. But how Democrats let them get away with sabotaging the stated interests of the United States is another matter.
Sen. John Kerry, who chairs the Foreign Relations Committee, tried to stop DeMint’s trip to Honduras, but when DeMint appealed to McConnell, he wound up riding to Honduras in a Pentagon airplane. How could Obama not have known that his own Defense Department was thwarting him? Why hasn’t the airplane matter been investigated?
Obama has been disturbingly blasé about the coup, perhaps because Zelaya had become a critic of the United States in the vein of Chavez. Secretary of State Hillary Clinton even called Zelaya’s attempted return “reckless.” But Obama now has begun rescinding visas for backers of Micheletti, and he has cut off $30 million in aid to Honduras.
These moves come more than two months after the coup, and Obama’s hesitation has only girded Micheletti’s will. “[U.S. officials] are doing these piecemeal steps to see how the de facto regime responds,” said Vicki Gass of the Washington Office on Latin America, a human rights group. “And each time the de facto regime remains intransigent, they up the ante, but it takes them way too long.”
Opponents ousted democratically elected Manuel Zelaya for trying to hold a referendum on rewriting the constitution. They accuse him of wanting to get rid of the single-term limit, a charge he denies. In a pre-dawn raid, the military seized a pajama-clad Zelaya and sent him to Costa Rica. He snuck back into the country Sept. 21 and has been holed up in the Brazilian embassy, surrounded by Micheletti’s soldiers.
That hasn’t stopped Republicans from arguing that the United States should support a putsch that even one of its leaders has admitted is illegal.
In an interview with the Miami Herald, the Honduran military’s chief lawyer, Colonel Herberth Bayardo Inestroza, acknowledged that it was an illegal military-led coup: “In the moment that we took him out of the country, in the way that he was taken out, there was a crime.”
Inestroza justified the move by saying that merely imprisoning Zelaya would have led to bloodshed, because his supporters would have demonstrated for his release. “We know there was a crime there,” he said. “[But] what was more beneficial, remove this gentleman from Honduras or present him to prosecutors and have a mob assault and burn and destroy and for us to have to shoot? If we had left him here, right now we would be burying a pile of people.”
As for the raft of U.S. Republicans backing the coup (and refusing to call it a coup), their fear is something else: socialism.
“This is about trying to stymie the Obama administration's efforts in Latin America and the Republicans’ obsession with Hugo Chavez and their concern about his expanding influence in the region,” Dan Erikson, a senior associate at the nonpartisan Inter-American Dialogue think tank in Washington, told the Associated Press.
Whether or not the Republican trips are found to be illegal, they are surely helping Micheletti dig in his heels. The toxic soup is likely to boil over after the Nov. 29 election, whose results the United States and other countries have said they will not recognize because of the coup and crackdown on civil liberties.
Meanwhile Republicans blow on for freedom, somehow keeping their faces straight. “The way out of this problem is to respect the free and fair elections that the people of Honduras are going to have," said Ros-Lehtinen, whose sterling right-wing creds include cheerleading the U.S. invasion of Iraq and telling Israel after it bombed Syria: “We are a better world because you did that.”
“I will tell my colleagues (U.S. Congressmen) to come to Honduras, not to see the newspapers, CNN or any media, to come here to meet with the legitimate government to listen their aspiration of living in peace and democracy,” Ros-Lehtinen said.
This aspiration apparently includes shutting down two media outlets, banning freedom of assembly, and arresting over a thousand protesters. The crackdown has killed eleven people, according to the Committee for Families of the Disappeared and Detainees in Honduras, or Cofadeh. On Sept. 30, Micheletti rounded up the 55 farmers who had occupied the National Agrarian Institute to protest the coup, and a judge ordered 38 of them to be held on charges of sedition.
Joining Ros-Lehtinen in her Oct. 5 visit was Rep. Lincoln Diaz-Balart and his younger brother, Rep. Mario Diaz-Balart. All three are Cuban exiles long driven by opposition to Fidel Castro. The Diaz-Balarts are sons of Rafael Diaz-Balart, minister of the interior under the U.S.-backed Cuban dictator Fulgencio Batista, overthrown by another coup leader, Castro, in 1959.
The anti-democratic instincts of the right are not limited to politicians with such a personal kite in the sky.
The Wall Street Journal gave a platform to Micheletti on its op-ed page, on which amid all the rationalizations for the coup, he writes, “Regarding the decision to expel Mr. Zelaya from the country the evening of June 28 without a trial, reasonable people can believe the situation could have been handled differently.” And here’s how the fair-and-balanced Journal editors sugarcoat Micheletti: “Mr. Micheletti, previously the president of the Honduran Congress, became president of Honduras upon the departure of Manuel Zelaya. He is a member of the Liberal Party, the same party as Mr. Zelaya.”
Departure? The only departure here is from the world of reason, in which we can call a military seizure of a president a coup and not an act of freedom, and see it as something that needs to be resisted by other governments before there’s a lot more blood spilled.
Brendan Cooney is an anthropologist living in New York City. He can be reached at: itmighthavehappened@yahoo.com
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